Adicción adolescente: Cuando la pornografía acecha a temprana edad.

Una cantidad de jóvenes en aumento lucha por la adicción a la pornografía, la cual suele ser encontrada durante una inocente búsqueda en línea realizada en casa. Los expertos explican que la edad en la que ocurre el primer encuentro con este vicio no deja de disminuir y que actualmente se halla alrededor de los 11 o 12 años.

Fuente: Deseret News
Traducción Camila Vargas y Barbara Aguayo

WALES, Utah.- La primera vez que Justin vio pornografía tenía 11 años.

Había estado buscando autos a control remoto cuando encontró un video genial en YouTube que mostraba uno haciendo un gran salto.

Lo miró repetidas veces en el computador de su casa, tratando de ignorar los videos sugeridos que aparecían al lado. Pero cuando un amigo le mostró los sitios pornográficos de los que provenían esos videos, se hizo adicto.

Justin, quien ahora tiene 18 años y que utiliza un nombre falso, confesó: “En ese momento, quería más por lo que busqué más. Era una necesidad constante, aunque no tuviera idea de lo que era. Nunca me sentía feliz con lo que encontraba. Aun cuando era de mi preferencia sexual, no me hacía feliz. Empecé con un clic y luego seguí haciendo más y más clics que nunca pararon”.

Justin ha estado batallando durante años. Sólo espera poder quedarse en el internado del centro de Utah el tiempo suficiente para poder experimentar un verdadero cambio.

Cuenta que “la necesidad de parar ha estado presente durante dos o tres años de tratamiento, pero no ha alcanzado ese punto en el que es tan fuerte como para vencer la tentación”.

Justin es solo uno del creciente número de adolescentes que se encuentran imposibilitados para llevar una vida normal a causa de su dependencia a la pornografía. Los expertos explican que la edad en la que ocurre el primer encuentro con este vicio no deja de disminuir y que actualmente se halla alrededor de los 11 o 12 años.

No todos los jóvenes que luchan en contra de la pornografía necesitan una medida tan drástica como ser internados en un centro de tratamiento; y aún si así fuera, el alto coste de la misma, la transforma en algo inaccesible para muchos.

Para algunos adolescentes, la batalla continúa siendo tan privada y oculta, que la mera idea de verbalizarla para pedir ayuda es un obstáculo considerado como imposible de supera, eso sin mencionar que conseguir financiamiento para comenzar un tratamiento en línea les resulta imposible.

En un intento por combatir ambos problemas, Fight the New Drug, un grupo sin fines de lucro fundado inicialmente como una campaña para crear conciencia sobre los peligros de la pornografía, estrenará de manera pública un programa de rehabilitación a mediados de enero en el sitio www.fightthenewdrug.org.

El programa en línea, llamado Fortify, consiste en 55 video-lecciones animadas que tratan sobre ciencia cerebral, adicciones y herramientas de auto-análisis para ayudar a los jóvenes a superar una adicción.

Hasta ahora, Fight the New Drug manifestó tener más de 6.500 adolescentes pre-inscritos en el programa.

Clay Olsen, fundador y director ejecutivo de Fight the New Drug, explicó: “Estamos tratando de darles lo que necesitan para que sean lo suficientemente fuertes como para salir adelante”. Califica al programa como “un compañero al cual rendir cuentas”. “Si la adicción de un joven está en su fase inicial, nuestro programa debería entregarle las herramientas necesarias para dejarla atrás. Si la adicción entra en lo que llamamos una adicción completa, entonces les brindamos la ayuda necesaria para que encuentren apoyo profesional”.

A pesar del debate en curso en el mundo médico acerca de considerar o no la pornografía como una adicción, Olsen no se deja confundir por esa discusión.

Desde su lanzamiento en 2010, Fight the New Drug ha recibido miles de correos de niños, la mayoría de los cuales quieren unirse al movimiento para “hacer del anti-porno algo genial”, mientras otros cuentan sus propias luchas, las que a su parecer se sienten exactamente como una adicción.

Cada vez más jóvenes

Matthew Bulkley, licenciado clínico en trabajo social, habla mínimo ocho horas al día con niños que intentan superar su adicción a la pornografía. Repite esta acción unas dos o tres veces por semana, de este modo, ayuda a los pacientes a superar los sentimientos de culpa y vergüenza, a la vez que les enseña a manejar las emociones negativas de forma positiva, sin que desencadenen en mirar pornografía.

Algunos son tan jóvenes que sólo tienen 12 años, aunque la mayoría se hallan cerca de los veinte. Sin embargo, su última cita del día fue un niño de 8 años llevado por sus padres, quienes quedaron horrorizados al descubrir este hábito en él.

Bulkley, quien trabaja en St. George, Utah, dijo que “ya no podemos contar la historia de la cigüeña a nuestros hijos de 12 años para nunca más volver a tocar el tema. Esto debe transformarse en algo de lo que se pueda hablar diariamente”.

En un artículo publicado en una edición del diario médico Pediatrics el 2007, los investigadores encontraron que el 42% de los jóvenes habían estado expuestos a la pornografía en internet el año anterior y que el 66% de ese grupo no deseaba ver ese tipo de contenido.

La información recogida del sondeo Youth Internet Safety Survey llevado a cabo en el 2000, el 2005 y el 2010, demuestra que la preponderancia a ver pornografía no deseado aumentó de un 25 a un 34%, para luego caer a un 23%.

Los autores resaltan que “esto no significa que para los jóvenes que acceden de forma voluntaria a la pornografía sea difícil hallarla”. Por el contrario, esto podría reflejar el aumento del uso de filtros en las redes y computadores personales, a la vez que jóvenes usuarios de internet más educados que saben lo suficiente como para no hacer clic en enlaces o correos no identificados.

Pero cuando los filtros no funcionan y la pornografía aparece, o cuando es buscada a propósito, ya no está bajo la forma de imágenes estáticas de Playboy. En lugar de eso, el porno que aparece en el internet de hoy en día es veloz, está en alta definición y cada vez más lleno de actos violentos.

Un análisis hecho sobre el contenido de las principales películas pornográficas del 2005, comprobó que el 88% de las escenas mostraban violencia hacia los participantes. Entre estos actos se distinguían bofetadas, azotes, mordazas, estrangulamientos, golpes y tiradas de pelo. El 94% de las veces, la violencia era dirigida a las mujeres.

El ver escenas de esta índole causa un impacto en los adolescentes. Investigadores del Center for Innovative Public Health Research (CiPHR), de San Clemente, California, llegaron a la conclusión de que los jóvenes que ven pornografía violenta estaban seis veces más propensos a tener un comportamiento agresivo sexualmente en comparación a los que no participan de la pornografía. Como ejemplos esta conducta se puede mencionar las violaciones y la prostitución y acoso virtuales.

Este vínculo persiste aun cuando se tomaron en cuenta otros factores importantes, como el consumo de sustancias nocivas, un abuso sexual anterior y el comportamiento violento en general. Por otra parte, los jóvenes que miran pornografía no-violenta no estaban más predispuestos que los no-espectadores para actuar agresivamente.

Michele Ybarra, la presidenta y directora de investigaciones del CiPHR, aclaró que “no todo el porno es igual. Esperábamos dar con una diferencia, pero no de esta magnitud”.

Ybarra dice que “el ver pornografía no-violenta no llega a ser considerada dentro de la crisis en la salud pública que la pornografía violenta está creando. Cómo te sientes desde un punto de vista moral es válido, pero sin tomar en cuenta ese aspecto, desde la perspectiva de la salud pública, la pornografía violenta es cualitativamente diferente de la pornografía no-violenta”.

La vía neurológica

El cerebro adolescente no es sólo una versión más pequeña y nueva del cerebro adulto. De hecho, es más como un “trabajo en progreso”, en el que las conexiones están siendo  constantemente creadas mientras los sistemas continúan desarrollándose.

Bertha K. Madras, profesora de sico-biología en el departamento de psiquiatría de la escuela médica de Harvard, especificó que “los cerebros de los adolescentes no están completamente desarrollados. Su parte ejecutiva, el lóbulo frontal, que frena los impulsos, está implicado en la evaluación de las situaciones, en proporcionar una respuesta racional a las situaciones emocionales, lo que en el adolescente se encuentra sub-desarrollado”.

Estas áreas se mantendrán creciendo mientras que las conexiones sin uso se verán reducidas hasta que los individuos alcancen los 25 años de edad. Algunas partes del circuito dopaminérgico son las últimas en terminar de formarse.

La dopamina es un químico liberado a nivel cerebral en respuesta a actividades placenteras, sean estas trotar, jugar ajedrez, comer una comida preferida, inyectarse heroína o ver pornografía. Peter Kalivas, profesor y presidente del Departamento de Neurociencia de la Universidad Médica de Carolina del Sur en Charleston, explicó que tras una actividad bien disfrutada, el cerebro hace una nota mental acerca de lo bien que se sintió, por lo que debería repetirla.

Después de algunas interacciones con el mismo estímulo, el cerebro ya no produce tanta dopamina. Pero las drogas (y según muchos creen, la pornografía también), son tan  peligrosas porque producen grandes cantidades de dopamina cada vez que se les consume. Cada dosis de heroína o trago de alcohol induce al cerebro a absorber todo lo que pueda de sus alrededores. Rápidamente, toda la visión de mundo del consumidor se ve relacionada, es alusiva al uso de la droga.

Kalivas continúa diciendo, que “así es como se cree que comienza una adicción; ya sea que suceda con elementos biológicos, como estímulos sexuales o comidas sabrosas, uno puede hacerse adicto a esas otras conductas”. Afirma que los jóvenes corren un gran riesgo de volverse adictos, pues según un estudio del 2012, los cerebros adolescentes están en proceso de desarrollo y a diferencia de los adultos, no están “lo suficientemente maduros para ejercer el control cognitivo requerido para reprimir sus apetitos sexuales y los pensamientos y comportamientos provocados por el contenido pornográfico”, lo que queda manifestado en las recaídas compulsivas y en la incapacidad de regular el comportamiento.

La incapacidad para decir ‘no’ puede tener consecuencias de por vida.  Madras ha estado estudiando el impacto de las drogas en cerebros de adolescentes y los datos preliminares muestran que el riesgo de tener una adicción cuando se es adulto es hasta seis veces mayor cuando los adolescentes empiezan a consumir drogas o alcohol antes de los 14 años que si ellos se iniciaran en el consumo de drogas o alcohol después de los 18 años.

Mientras Madra no puede generalizar a ciencia cierta sus estudios sobre la pornografía, ella cree que posible que el ver pornografía pueda ría tener un impacto similar en el cerebro.

Cómo cambiar el comportamiento

Kurt tenia 9 cuando se topó con pornografía en el computador de su casa mientras buscaba música. Después de eso,  fue por más.

A los 12 años, estaba mirando pornografía 3 a 4 veces a la semana. A los 14, esto se repetía varias veces al día.

Fue a la Academia de Oxbow, un centro de tratamiento para pacientes hospitalizados en el centro de Utah para niños que luchan contra la pornografía, donde estuvo por casi 20 meses, llegando incluso a terminar la secundaria ahí.

Kurt, cuyo nombre ha sido cambiado, aprendió a controlar su estrés e ira y creó un plan de vida que no incluye la pornografía. Planea ir a Snow College, donde quiere estudiar programación de computadores. Ha llegado muy lejos, pero sigue creyendo que aún no está sano.

Expresó que “no importa que tan bien lo hiciste en la Academia de Oxbow, aun así tendrás que luchar por el resto de tu vida. Debes mantenerte a raya todo el tiempo”.

Dicha alineación es crucial para adolescentes como Justin y Kurt, e incluso para aquellos que piensan que sus problemas con la pornografía no son tan malos, ya que recuperarse significa vovler a entrenar del cerebro, creando nuevas vías no relacionadas con la pornografía para después permanecer en esa nueva vía.

Aunque es difícil, es posible, gracias a la neuroplasticidad o las capacidades regenerativas del cerebro humano, especialmente en la adolescencia, dijo Kalivas.

Tim McOmber, consejero de salud mental de la clínica Aspen, un centro de asesoramiento en American Fork, puntualizó que cuanto antes se inicia la intervención, mejor. Es por eso que los padres deben estar participando en conversaciones potencialmente profundas con sus hijos acerca de sexualidad saludable. Si ellos se dan cuenta de que algo anda mal con su hijo, deben estar dispuestos a buscar ayuda. “Nadie dice ‘oigan, el niño tiene una herida que no es profunda, no necesitamos hacer nada al respecto’.Se trata para prevenir para que no empeore la infección”.

Shawn Brooks, director ejecutivo de la Academia de Oxbow, aconsejó diciendo que las señales de advertencia incluyen cambios de actitud, como un niño tranquilo convirtiéndose en uno lleno de ansiedad, o un niño sociable que ahora prefiere estar solo todo el tiempo. Los padres deben preocuparse si los adolescentes se vuelven extremadamente cuidadosos en guardar sus cosas personales o no quieren que sus padres toquen sus mochilas, computadores, celulares o juegos.

Brooks aconseja a los padres a que se sienten con sus hijos adolescentes y entablen reglas y responsabilidades, de rpeferencia, antes que los aparatos tecnológicos se instalen en la casa.  Una de sus reglas claves es que los dispositivos habilitados para internet no deben estar en los dormitorios. La adolescencia puede ser suficientemente complicada ya, eso sin añadir la pornografía al asunto.

“Con la pubertad y la liberación de estrógeno y testosterona, se arruina todo,” dijo Brooks. “Tirar un paquete de datos o un Smartphone es como una ruleta rusa pero que todas las cámaras tienen balas”.

Recuperando la atención

Los estudiantes se presentan en silencio en el auditorio, mirando las señales en el escenario, “Conviértete en un luchador: El cambio comienza en uno, Fight the New Drug.

Cuando todos están sentados, Todd Blaquiere delimita el escenario. Hace algunas preguntas para romper el hielo y para relajar a los alumnos de sexto y séptimo grado de la escuela Sandy’s Eastmont, que asisten a la asamblea anual antidrogas de la semana del Listón Rojo.

Blaquiere, lucha contra el director de marketing de Fight the New Drug, se introduce en una discusión amigable acerca de la dopamina, la vía de recompensa del cerebro y como las drogas alteran esta vía, haciendo que el usuario anhele las drogas más que cualquier otra cosa.

Explica que con el uso prolongado de medicamentos, los lóbulos frontales del cerebro, o áreas de decisión, se contraen, haciendo que las futuras decisiones correctas sea aun mas difíciles. Y luego, a mitad de camino de la presentación, Blaquiere agrega una nueva dimensión.  “La pornografía puede dañar el cerebro como una droga. No todas las adicciones provienen de químicos que se introducen al cuerpo.”

Un pequeño murmullo de sorpresa circula por el auditorio entre los estudiantes que digieren esta nueva información.

“No sabia que habían otras adicciones además de las producidas por químicos,” dijo Eli Schott, de 12 años mientras esperaba para firmar la pancarta de “Promesa de luchador” después de la asamblea. “Es una gran sorpresa que la pornografía es una adicción”.

Durante los dos últimos años, Fight the New Drug ha compartido el mismo mensaje a través de Estados Unidos y Canadá.

“Cuando un niño de siete años es expuesto, no sólo procesa lo que ve sino que también desarrolla una compulsión a la pornografía violenta, ¿qué provoca eso en su actitud y percepción hacia las mujeres, el amor y la intimidad?” pregunta Olsen, “Esto de verdad está destrozando nuestra sociedad”.

Este año, Fight the New Drug llevará a cabo alrededor de 80 asambleas, además de reuniones con los padres y grupos de la Iglesia. En lugar de suprimir, están tratando de canalizar la rebelión juvenil normal hacia la industria de la pornografía. 

El director del sitio, comenta: “Los jóvenes están listos para hablar al respecto. Están ansiosos por conocer la verdad. Por lo que les hablamos de un modo muy real y nos acercamos a ellos como uno de sus pares en lugar de dar un sermón autoritario. Lo tratamos como un problema de salud pública. Nos está haciendo daño, daña nuestras relaciones y nuestra sociedad entera”.

Olsen concluye diciendo que “la pornografía nunca se irá. El objetivo de nuestra campaña no es disminuir la pornografía, sino que disminuir la demanda a través de la educación”.

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