Cuatro años de la Biblia en cuatro idiomas

Era 2010, acababa de terminar el Libro de Mormón en alemán por segunda vez, y quería hacer algo diferente con mi estudio de las escrituras. En aquel tiempo asistía a una rama hispana en California donde el maestro de nuestra clase de la Escuela Dominical promovía mucho la edición de la Iglesia de la Reina-Valera, la Biblia en español. Era tiempo. Uno en casi tres de todos los santos de los últimos días habla español como lengua materna. Nuestro maestro tenía otro motivo más personal por promover la edición nueva: la Iglesia le había pedido que formase parte de un equipo de traductores que comparó los textos del Libro de Isaías en inglés, español y hebreo, y luego hizo sugerencias para la edición final.

Por mi parte, no sentía ninguna urgencia por comprar la otra Biblia. Tenía una en inglés, otra en portugués, otra en alemán y, para español, todavía tenía la Biblia que había usado en mi misión en el sur de Chile. Esa estaba toda marcada, era como un viejo amigo y, aunque era muy irracional de mi parte, me parecía que comprar la nueva edición le sería una traición. De todos modos mi esposa me compró la nueva como regalo de cumpleaños pero yo la mantenía en un estante, casi sin abrirla. Cuando la Biblia de mi misión estuviera a punto de deshacerse, con sus hojas amarillentas cayendo al piso, tendría la otra ya lista para reemplazarla.

Esto no le pareció al maestro de la Escuela Dominical. Su esposa me preguntó por qué seguía usando la Biblia de mi misión y se lo expliqué. ¡Qué malillo eres! me dijo con un tono medio-burlón. Pasaron unos meses y yo seguía igual…hasta la Conferencia General.

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