Espectacular obra de teatro anual en el Cerro Cumorah

El fin de semana pasado, más de 700 personas de todo el mundo, la mayoría sin experiencia previa en actuación o baile, audicionó para la representación dramática de escenas del Libro de Mormón, la que se realizó en el Cerro Cumorah.

MANCHESTER, Nueva York | Deseret News | — El hecho de que Christian Hancey sea abogado y no actor, no fue impedimento para que este padre de familia de Nueva York usara peluca y ropa del siglo XIX para personificar José Smith, el profeta restaurador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en la puesta en escena anual realizada en la colina Cumorah. Al igual que las otras 700 personas provenientes de distintos lugares del mundo que audicionaron para esta representación, Hancey estaba nervioso. Al respecto, comentó: “Fue emocionante… realmente me metí en el personaje, lo que me hizo muy feliz”.

El comienzo de esta tradición data de 1930 y se considera una de las producciones anuales más importantes organizadas por la Iglesia en Estados Unidos. El reparto consta de miembros voluntarios y alrededor de 30.000 espectadores asisten a presenciar el espectáculo, el que se presenta en un escenario elevado al aire libre. Este año, se realizaron siete funciones durante la semana del 10 al 18 de julio.

Dado que luego de Jesucristo José Smith era el personaje más importante en el relato, Hancey confesó sentir mucha presión: “Pese a ello, este rol me dio la oportunidad de reflexionar sobre el papel de la fe en mi propia vida y cómo el profeta contribuyó a que yo lograra mi testimonio”. La audición de Hancey tomó literalmente unos 20 segundos. Los directores lo apartaron de un grupo de hombres durante la audición masiva y luego de pedirle que caminara unos pasos, le comunicaron “nos encantaría que encarnaras a José”. Hancey salió en escena casi al final de la obra, cuando el personaje interactúa con los primeros creyentes cristianos de América. Para lograrlo, tuvo que tomar un curso intensivo de producción teatral antes de la noche de inauguración de la semana pasada. Hancey compartió: “Debía ser una experiencia común. Tuvimos que trabajar y cooperar a fin de entregar una producción exitosa. Mas cuando se prendieron los reflectores, me concentré en el mensaje: me dije a mí mismo que me relajara y dejara llevar por la historia”.

Sin embargo, tras bambalinas, casi nadie estaba relajado. Tanto los miembros del elenco como los del staff enmendaron el vestuario, rizaron pelucas, ensayaron las escenas y realizaron devocionales al interior de un edificio designado para este fin o en carpas instaladas en la misma colina. Además, el elenco asistió a comunidades cercanas para ayudar en proyectos de servicio como parte de la experiencia de la puesta en escena. En efecto, hicieron de todo un poco, desde desmalezar la Bilbioteca Comunitaria de Palmyra, hasta transportar mobiliario a la escuela Palmyra-Macedon.

Matt Hoisington, encargado de vestuario, explicó que las tiendas emplazadas a ambos lados del escenario fueron las encargadas de proveer todo lo que los miembros del elenco necesitaran. Agregó que “a veces se tornaba agotador, pero los participantes mantuvieron el buen ánimo. Querían estar aquí… cada uno aportó en lo que pudo y así fue como se dio la magia”.

El presidente de la producción Colina Cumorah, Dwight Schwendiman, declaró que lograr un espectáculo así en cuestión de días fue obra de la acción divina y de un elenco comprometido: “Cada integrante tenía un carácter y personalidad únicos, pero a diferencia de años anteriores, presencié un propósito común que fue más fuerte que cualquier diferencia”.

Peter Garrow y Nelsen Campbell, ambos de 21 años, estaban familiarizados con la actuación. Ambos jóvenes llevaban al menos tres años participando en el espectáculo, lo que de seguro los capacitaba para recitar sus partes mientras dormían. Campbell representó a Lamán, uno de los descendientes del profeta judío Lehi, quien vivió cerca de 600 años antes del nacimiento de Cristo. El rol requirió saber manejar una espada, pegarse una barba a la cara y bastante memorización de diálogos, los que Campbell tuvo que imitar puesto que estaban incluidos en la banda sonora de la obra. Expresó que estaba muy emocionado pero que fue bastante demandante, por lo que tuvo que ensayar bastante. En la historia, Lamán pierde una batalla importante frente a su hermano menor Nefi. “El punto es que el Señor apoyará a los justos y los malos no ganarán, aunque tengan más fuerza”, añadió.

Garrow, quien participó por décima vez en el show, salió en escena durante una batalla coreografeada como miembro del ejército de Nefi. Luego de varios años de práctica en el mismo papel, sus patadas voladoras podrían superar las de un bailarín profesional de Broadway. El joven compartió: “Recuerdo la primera vez que comencé a bailar. Pensé ‘no tengo idea de lo que estoy haciendo. Mi cuerpo no se mueve así’. Fue necesario tener confianza en mí mismo para saber que lo lograría, que Dios me ayudaría”.

Marc y Daniela Rauh, casi se perdieron los primeros días de presentación debido a una huelga de último minuto en su aerolínea. Esta familia viajó a Estados Unidos desde Basel, Suiza a fin de presenciar cómo las escrituras cobraban vida al oeste de Nueva York. Marc explicó: “Quería encontrar la fuente de mis creencias… sentir el espíritu de la historia que se desarrolló aquí mismo, en la colina Cumorah”. Los Rauh, con sus cuatro hijos, formaron parte de la producción. Marc encarnó a un miembro de la multitud incrédula y su esposa a una conversa por las palabras del profeta. Daniela concluyó: “Fue increíble poder experimentar todo lo que habíamos leído en El Libro de Mormón. Fue una perspectiva totalmente distinta el sentir cómo se sintió la mujer que escuchó al profeta”.

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