La oración: un patrón perfecto

En un devocional histórico, el día 3 de junio de 2018, el Presidente Russell M. Nelson le prometió gozo y paz a los jóvenes que aprendieran a orar y a discernir las respuestas a sus oraciones. Sin embargo hay tanto jóvenes y no tan jóvenes que muchas veces no sienten la conexión con el Padre.  

¿Siente usted que ora pero que nadie le está escuchando? ¿Le es difícil distinguir las respuestas a sus oraciones? ¿Se siente solo en un mundo de miembros que están continuamente testificando de las experiencias espirituales que han tenido? ¿Siente que los pioneros del primer medio siglo recibían más respuestas a sus oraciones? Si ha respondido que sí a cualquiera de estas preguntas, espero que esta serie de tres artículos sobre la oración le pueda ayudar a obtener un testimonio sobre la oración.

Deseo testificar que al Padre le agrada escuchar nuestras oraciones, que está interesado en usted y cada uno de nosotros, que es capaz de escuchar todas las oraciones y contestarlas por medio de los susurros del Espíritu. Lo invito a llevar a cabo un experimento basado en el patrón perfecto de la oración: Moroni 10:3–5.

El experimento

1. Busque un lugar privado para meditar y orar sin distracciones. Si es que preocupaciones u otras distracciones mentales lo siguen a ese lugar, abra las escrituras y medite sobre ellas. El Presidente Kimball, cuando era uno de los Doce, enseñó: “He descubierto que cuando no me encuentro a tono en mi relación con la divinidad, cuando parece que ningún oído divino está escuchando, ninguna voz divina está hablando, me siento muy, pero muy lejos. En cambio, si me sumerjo en las Escrituras, la distancia se acorta y la espiritualidad regresa”.

2. Medite sobre aquellas cosas por las que sienta un agradecimiento intenso.

3. Arrodíllese, si no tiene impedimentos físicos. Esto nos recuerda de que llegará el día en que toda rodilla se doblará y cada lengua confesará que Jesús es el Cristo (ver Romanos 14:11).

4. Diríjale la palabra al Padre. El Salvador fue quien nos enseñó a orar al Padre: “En aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios” (Juan 16:26–27).

5. Al dirigirse al Padre, recuerde que Él está muy cerca. Cuando le oramos en el nombre de su Hijo Amado, el Padre corre el velo que nos separa de su presencia. El Profeta José Smith enseñó: “Es una gran cosa el indagar ante las manos de Dios, o el de llegar a su presencia”. Efectivamente, es una ocasión sagrada.

6. Ore con fe y confianza. El Padre le ama y le escuchará. Le atenderá con más cariño y solicitud que el papá terrenal más bondadoso. Aléjese de los sentimientos de temor. En Santiago 1:5–6 dice: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”. Además, debemos orar con la humildad necesaria para aceptar la respuesta.

7. Agradézcale de corazón al Padre aquellas cosas que analizó en el Paso 2. En este momento no le pedirá absolutamente nada. Cuando esté orando, no tema las pausas largas, el hablar lentamente, el derramar lágrimas de agradecimiento si éstas le brotan naturalmente o el orar en voz alta. Antes de concluir este paso de agradecimiento, dígale al Padre que lo ama.

8. Ahora sí le vamos a pedir algo al Padre. Pregúntele, “Padre, ¿has escuchado mi oración?” Espere la respuesta con paciencia. Escuche con cada parte de su cuerpo; con su corazón y con su mente, con todo.

9. Pasará algo muy lindo. Va a sentir tranquilidad, quizá deseos de llorar de alegría, o simplemente una paz que es difícil de explicar. Le oramos al Padre y es por medio de Jesucristo y del Espíritu que recibimos la respuesta. El Señor le responderá por medio de los frutos del Espíritu: “Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gálatas 5:22–23a).

10. Tómele una “foto espiritual” a lo que está experimentando —como usted advierte a los frutos del espíritu. Yo generalmente los siento como está expresado en Doctrina y Convenios: “Sí, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón” (DyC 8:2). Si siente estas cosas, la respuesta es un sí: “Sí, hijo mío, hija mía, he escuchado tu oración”.

11. La respuesta que significa “no” es ya sea sentir nada o sentir “un estupor de pensamiento” (DyC 9:9). Si siente temor, no proviene de Dios sino de aquél que no quiere que usted ore (ver JS-Historia 1:15).

12. Al recibir una respuesta afirmativa, no se apresure a terminar la oración, sino que disfrute de la calidez del Espíritu. Cuando esté listo para finalizar la oración, hágalo agradeciendo este momento sagrado en el nombre de Jesucristo. Quizás también desee comenzar su oración contándole al Padre que viene en el nombre de su Hijo Amado. (Imagínese que conoce a algún misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los que dejan su hogar por un año y medio o dos años. Esa persona casi siempre vendrá de un lugar lejano —ya sea dentro del país o del extranjero. Ahora, ¿si se diera la coincidencia que le tocara viajar justamente al pueblito o ciudad en la que viven los padres de ese misionero amigo? ¿Acaso no le pediría el misionero de que pase a ver a sus padres? Cuando golpee la puerta de esa casa y le abran, ¿no cree que lo harán pasar con regocijo cuando sepan que usted conoce al misionero? Aunque el proceso de la oración es distinto, se asemeja en que usted viene al Padre en el nombre de su Hijo Amado. El Padre le abre la puerta, o corre el velo, para escucharle con regocijo.)

Importunar

Es posible que no reciba la respuesta añorada la primera vez. El Profeta José Smith nos enseñó que debemos importunar al Padre y no darnos por vencidos fácilmente: “Los hijos de Dios tienen el privilegio de acercarse a Él y recibir revelación… Dios no hace acepción de personas; todos tenemos el mismo privilegio”. Y también nos instruyó el Profeta, “Importuna [al Señor] hasta que te bendiga”.

El Padre sabe si estamos orando con un corazón sincero y con verdadera intención, como Enós: “Y mi alma tuvo hambre; y me arrodillé ante mi Hacedor, y clamé a él con potente oración y súplica por mi propia alma; y clamé a él todo el día; sí, y cuando anocheció, aún elevaba mi voz en alto hasta que llegó a los cielos” (Enós 1:4). Note las palabras claves en esta escritura, entre ellas, “hambre”.
En resumen, ¿Qué pasa si no siente nada la primera vez? Repita el experimento cuantas veces sean necesarias. Cuando le mostramos al Padre que verdaderamente somos sinceros, recibiremos una respuesta. Le aseguro que le contestará. Repita el proceso de sumergirse en las escrituras y de meditar sobre las bendiciones que ha recibido.

Corazón sincero y verdadera intención

Nuestra actitud en la oración debe ser sumisa a la voluntad del Padre. Si realmente queremos conocer su voluntad y llegamos al Padre humildemente, recibiremos una respuesta en su debido tiempo. El Padre desea bendecirnos con esa manifestación.
Pedir con un corazón sincero, con verdadera intención, significa que vamos a actuar sobre la respuesta (la fe es un principio de acción). Que estemos dispuestos a ser discípulos de Jesucristo a pesar de nuestras debilidades.

Dios no quiere que seamos como el pueblo de Judá que se acercó al profeta Jeremías para indagar falsamente. La gente parecía, superficialmente, comprometida a hacer la voluntad de Dios: “Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros un testigo verdadero y fiel, si no hacemos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te envíe a nosotros. Sea bueno o sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios, al cual te enviamos, obedeceremos, para que, obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios, nos vaya bien” (Jeremías 42:5–6).

El profeta Jeremías indagó al Señor en el nombre de aquellos que hicieron la pregunta. Pero la respuesta enfureció al pueblo hasta tal punto que injuriaron al Profeta y lo acusaron de hablar falsamente (Jeremías 43:2).

En contraste, el padre de Lamoni tenía tantos deseos de ser un discípulo de Cristo que exclamó: “¡Oh Dios!, Aarón me ha dicho que hay un Dios; y si hay un Dios, y si tú eres Dios, ¿te darías a conocer a mí?, y abandonaré todos mis pecados para conocerte…” Alma 22:18). Como vimos en el artículo “Justificación, santificación y gracia” esto no significa que el padre de Lamoni dejó todos sus pecados en un instante. En cambio, por medio de la gracia de Jesucristo, se embarcó en el camino largo y angosto que nos lleva a la vida eterna si perseveramos hasta el fin.

Patrón perfecto

Este experimento sigue precisamente el patrón de oración que nos da Moroni: “He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones [este es el paso sobre el agradecimiento]. Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas [nos dirigimos al Padre en el nombre de su Hijo, nuestro Mesías]; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención [lo hacemos en sinceridad y prestos a cambiar todo lo que sea necesario], teniendo fe en Cristo [sólo por Cristo podemos llegar al Padre], él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo [Cristo nos responde por medio del Espíritu]; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas [hablaremos más de la verdad de todas las cosas en el próximo artículo]” (Moroni 10:3–5).

Dos mentiras

Nosotros podemos concentrarnos en conversar con sólo una persona a la vez —y aún esto lo hacemos muy imperfectamente. Dios no tiene estas limitaciones. El nos escucha a todos con ternura y amor.

Es una mentira de Satanás cuando nos dice que al orar molestamos a Dios con nuestros problemas insignificantes … ya que el Señor está preocupado de asuntos más transcendentales. El Padre, por el contrario, desea que le hablemos y que le contemos nuestras penas y alegrías. Siempre tiene tiempo para escucharnos y consolarnos.

Otra mentira de Satanás es que debemos ser dignos para orar. Es verdad que debemos empeñarnos en mejorar nuestras vidas, pero nunca seremos dignos sin que Cristo nos preste de su dignidad. Ese es uno de los motivos por los que nos acercamos al Padre en el nombre del Hijo.

Invitación

Lo invito a que en cada oración le pregunte al Padre si Él lo está escuchando. No sólo una vez como parte del experimento, sino que siempre. Al transcurrir el tiempo, sentirá que el Padre le está acompañando a través de cada oración y que está en constante comunión con Él. Todo esto formará parte de su modo de orar. Me encantaría, como de costumbre, escuchar sus pensamientos y análisis.

En el próximo artículo proseguiremos con el experimento sobre la oración y veremos cómo verificar el sí o el no y descubriremos cómo hacerle otras preguntas al Padre. También analizaremos la importancia de la pregunta que le estamos haciendo a Dios, en cuanto a si Él nos está escuchando.

Gregorio Billikopf Encina
Contacto

Gregorio Billikopf Encina

Gregorio pertenece a la Rama Llanquihue, Estaca de Puerto Montt, Región de los Lagos, Chile. Es el autor de Isaías testifica de Jesucristo y un académico emérito de la Universidad de California y profesor de la Universidad de Chile; autor de Mediación Interpersonal: Facilitando el diálogo entre las partes (5ta edición) y Administración Laboral Agrícola: Cultivando la productividad del personal (2da edición). Gregorio es hijo de padre judío y madre chilena. Se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días después de encontrar a Cristo al leer el Libro de Mormón. Puede comunicarse con el autor a través de bielikov2@yahoo.cl.
Gregorio Billikopf Encina
Contacto

Latest posts by Gregorio Billikopf Encina (see all)

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments

Gregorio Billikopf Encina

Gregorio pertenece a la Rama Llanquihue, Estaca de Puerto Montt, Región de los Lagos, Chile. Es el autor de Isaías testifica de Jesucristo y un académico emérito de la Universidad de California y profesor de la Universidad de Chile; autor de Mediación Interpersonal: Facilitando el diálogo entre las partes (5ta edición) y Administración Laboral Agrícola: Cultivando la productividad del personal (2da edición). Gregorio es hijo de padre judío y madre chilena. Se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días después de encontrar a Cristo al leer el Libro de Mormón. Puede comunicarse con el autor a través de bielikov2@yahoo.cl.

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: