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Escudriñad las Escrituras

La Palabra del Dios nuestro permanece para siempre 

La Palabra del Dios nuestro permanece para siempre

Algunos me han preguntado por qué Isaías es tan difícil de comprender. Una de las razones es que Isaías tuvo que esconder algunos puntos de doctrina para que las personas que tergiversarían las escrituras no vieran esas verdades.

Lo invito a que caminemos juntos por el sendero del descubrimiento, para que juntos desenterremos uno de estos tesoros escondidos. Es mi esperanza que el espíritu le susurre a usted lo que me susurró a mí. 

Me enamoré de Isaías 40:8, al leer las dulces palabras que penetraban en lo profundo de mi corazón, “Se seca la hierba, se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”.

Un día pude comprender exactamente por qué sentía este amor tan profundo por este versículo de Isaías. Comencemos con Isaías 40:3 (aunque también podríamos valernos con much utilidad de Isaías 40:1–2, e Isaías 40:9).

Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino de Jehová; enderezad calzada en el yermo para nuestro Dios” Isaías 40:3.

Uno de los más distinguidos eruditos judíos fue Ibn Ezra, quien comentó: “Estas palabras están dirigidas a todas las naciones”. La voz que clama en el desierto invita a que todos vengan a Cristo—“… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (DyC 1:38) por lo que “He aquí, lo que oís es como la voz de uno que clama en el desierto —en el desierto, porque no lo podéis ver— mi voz, porque mi voz es Espíritu; mi Espíritu es verdad; la verdad perdura y no tiene fin; y si está en vosotros, abundará” (DyC 88:66).

Estos versículos enseñan que si somos fieles veremos a Dios: “Y si vuestra mira está puesta únicamente en mi gloria, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros; y el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas. Por tanto, santificaos para que vuestras mentes se enfoquen únicamente en Dios, y vendrán los días en que lo veréis, porque os descubrirá su faz; y será en su propio tiempo y a su propia manera, y de acuerdo con su propia voluntad” (DyC 88:67–68).

Isaías 40:3 nos ofrece unas de las primeras pistas sobre los versículos que siguen y que culminan con Isaías 40:8 —versículos tan amados por todo el mundo cristiano sin ser bien comprendidos. Escuchamos una voz que clama en el desierto; es la voz de Juan el Bautista.

El fue mandado como un Elías para preparar el camino del Señor en el meridiano del tiempo. Y después para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, por medio de la restauración del Sacerdocio, el Bautista, entre muchos otros, también pudo preparar la vía para la Segunda Venida.   

¿Qué es los que Juan el Bautista y el Profeta José Smith proclaman en sus papeles respectivos como Elías? ¡Qué el tiempo ha llegado! ¡Que el Salvador está por presentarse! La luz estaba por brillar en la obscuridad, pero la obscuridad no lo comprendería (Juan 1:5). En contraste, en el postrer día, todo el mundo verá la gloria del Señor y lo comprenderán juntos. 

Este versículo es frecuente y correctamente citado en asociación a la Primera Venida del Salvador. En el meridiano del tiempo se le preguntó a Juan el Bautista: “¿Pues quién eres?, para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías” (Juan 1:22b–23). 

Keith explica que estos versículos tienen una importante aplicación en relación con la Segunda Venida: “Mientras que, por lo tanto, el Bautista debe ser considerado como la voz, lo que él clamó no debe limitarse a la venida de Cristo en sus días”.

El 15 de mayo de 1829, Juan el Bautista también jugó un papel vital en la Restauración al conferir el Sacerdocio Aarónico sobre el Profeta José Smith y Oliverio Cowdery.[1] El Bautista actuó por medio del espíritu de Elías,[2] preparando el camino para la restauración del Sacerdocio de Melquisedec y todo lo que debía ser restaurado antes de la Segunda Venida.

En Doctrina y Convenios leemos: “Escuchad y oíd una voz como de uno enviado de lo alto, uno potente y poderoso, cuyas salidas son hasta los cabos de la tierra; sí, cuya voz se dirige a los hombres: Preparad la vía del Señor, enderezad sus sendas. Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella, como la piedra cortada del monte, no con mano, ha de rodar, hasta que llene toda la tierra. Sí, una voz que proclama: Preparad la vía del Señor, disponed la cena del Cordero, aparejad para el Esposo” (DyC 65:1–3).

“Todo valle será alzado, y todo monte y collado serán bajados; y lo torcido será enderezado, y lo áspero será allanado” Isaías 40:4.

Todo valle será alzado, y todo monte y collado serán bajados”. En 2 Nefi 8, leemos sobre las grandes conmociones geológicas en el momento de la muerte de nuestro Salvador. En la segunda venida, la escena será también una de grandes cataclismos. Además de los cambios físicos, los obedientes y humildes seguidores de Cristo serán exaltados mientras que el orgulloso será disminuido.

Y lo torcido será enderezado, y lo áspero será allanado”. Hablando sobre la Segunda Venida, el presidente José Fielding Smith sintió que esta escritura, junto con Isaías 54:10 y otras, apoyan el hecho que “La tierra de Sion y la tierra de Jerusalén se transportarán otra vez a su propio lugar y el mar será conducido de vuelta al norte, y la tierra será como era antes de ser dividida”.[3]

“Entonces se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá, porque la boca de Jehová ha hablado” Isaías 40:5.

Entonces se manifestará la gloria de Jehová”. La gloria del Señor se revelará en varias formas, incluyendo la restauración de su Iglesia. En su Segunda Venida su gloria se manifestará más completamente. “Porque la tierra estará llena del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).

“Entonces se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá, porque la boca de Jehová ha hablado” Isaías 40:5.

“Y toda carne juntamente la verá, porque la boca de Jehová ha hablado”. Henderson explica sobre el significado de toda carne: “Carne, בָּשָׂר, se ocupa metonímicamente de todos los seres animados, pero especialmente del hombre, por lo tanto כָּל־הַבָּשָׂר, o כָּל־בָּשָׂר, significa toda la humanidad”.

Veamos Lucas 3, de la traducción inspirada de incalculable valor, del Profeta José Smith: “Cristo vendrá tal como se ha profetizado a traer salvación a Israel y a los gentiles. En la plenitud de los tiempos, Él vendrá de nuevo a juzgar al mundo. Como está escrito en el libro del profeta Isaías, y estas son las palabras, que dicen: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Pues he aquí, él vendrá, como se halla escrito en el libro de los profetas, para quitar los pecados del mundo, y para traer salvación a las naciones paganas, para recoger a los que se han perdido, que son del redil de Israel; sí, aun a los dispersos y atribulados; y también para preparar el camino, y hacer posible la predicación del evangelio a los gentiles; y para ser una luz a todos los que se hallan en tinieblas, hasta los confines de la tierra; a fin de llevar a cabo la resurrección de los muertos, y ascender a lo alto, para morar a la diestra del Padre, hasta el cumplimiento del tiempo; y serán sellados la ley y el testimonio, y nuevamente se entregarán al Padre las llaves del reino; a fin de administrar justicia a todos; para descender en juicio sobre todos, y para convencer a todos los impíos de sus hechos inicuos que han cometido; y todo esto en el día en que él venga; porque es un día de poder; sí, todo valle se rellenará, y se bajará todo monte y collado; y los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; y verá toda carne la salvación de Dios” (TJS Lucas3:4–11).  

El élder McConkie [4] nos sugiere la siguiente escritura: “Porque así como la luz de la mañana nace en el oriente y resplandece hasta el occidente, y cubre toda la tierra, así también será la venida del Hijo del Hombre” (José Smith—Mateo 1:26).

“Una voz se escucha: Da voces. Y él respondió: ¿Qué tengo que proclamar a voces? Toda carne es hierba, y toda su bondad como flor del campo” Isaías 40:6.

Esta escritura suena muy poética en hebreo. Me encanta. Alexander explicó: “Parece que [casi] todos los intérpretes están de acuerdo de que trata de dos oradores distintos … Un misterio placentero como bien señala Hitzig, en cuanto al diálogo de estas voces anónimas, que se disipa al comprometerse a determinar con demasiada precisión quiénes son los oradores. Todo lo que las palabras necesariamente transmiten es, que una voz habla y la otra voz contesta. Los intérpretes están de acuerdo universalmente en que la última cláusula contiene las palabras que el segundo orador debe pronunciar [es decir, proclamar]”.

Una voz se escucha: ¡Da voces!” Esta es una orden para señalar o proclamar un mensaje que viene de Dios mismo. Una segunda voz — recibida por un discípulo de Cristo — indaga: “¿Qué tengo que proclamar a voces?” Aunque no estamos seguros quien es el Profeta que está recibiendo este mensaje — Isaías o Juan el Bautista o José Smith — este mandato ha sido delegado a cada discípulo de Cristo, a proclamar la divinidad de nuestro Salvador y la restauración de su Iglesia sin temor pero con humildad.  

“Toda carne es hierba, y toda su bondad como flor del campo”. El élder Neal A. Maxwell advierte: “… podríamos concluir con miopía que ‘toda carne es hierba’ (Isaías 40:6) … Las palabras de Isaías, sin embargo, no se refieren a la insignificancia del hombre, sino a la transitoriedad de este segundo estado”.[5]

“La hierba se seca, la flor se marchita, porque el aliento de Jehová sopla sobre ella; ciertamente el pueblo es hierba” Isaías 40:7.

La humanidad se representa como una flor que se marchita y como hierba que se seca. El ser humano pasa por este mundo por sólo un instante. Representado en forma poética por el aliento de Jehová, o el caluroso viento Siroco del medio oriente— esto es suficiente para que se marchiten. La gran clave para comprender Isaías 40:8, se encuentra en este versículo (o sea, en Isaías 40:7).

¿En qué sentido? Las flores y las hierbas representan al hombre, que a menudo en su orgullo piensa que tiene dominio de todas las cosas en el cielo y sobre la tierra. Sin embargo, como leemos en Doctrina y Convenios: “Tan inútil le sería al hombre extender su débil brazo para contener el río Misuri en su curso decretado, o volverlo hacia atrás, como evitar que el Todopoderoso derrame conocimiento desde el cielo sobre la cabeza de los Santos de los Últimos Días” (DyC 121:33b).

“Se seca la hierba, se marchita la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” Isaías 40:8.

Como lo mencioné en los primeros renglones, por mucho tiempo amaba a esta escritura sin comprender el por qué. Si la humanidad está representada por la hierba y las flores; ¿qué representa la palabra? Por favor deje de leer por un momento y cuidadosamente reflexione sobre esta pregunta.

Las flores y las hierbas han sido escogidas para representar a la humanidad. Pero, la palabra del Dios nuestro, וּדְבַר־אֱלֹהֵינוּ, “permanece para siempre”. Una vez más, pregunto, ¿qué significado tiene la Palabra?   

Me gustaría proponer dos bellos significados:

(1) Todo aquello que se ha dicho por medio del Salvador y de sus servidores se llevará a cabo; y

(2) ¿Acaso la expresión palabra no significa lo mismo que la palabra verbo en otra escritura? (En inglés se usa la misma palabra para ambas escrituras, word.) “En el principio era el Verbo (λογος), y el Verbo (λογος) estaba con Dios, y el Verbo (λογος) era Dios” (Juan 1:1). O en inglés, “In the beginning was the Word (λογος), and the Word (λογος) was with God, and the Word (λογος) was God”.

Una vez más, ¿qué significa la expresión Palabra o el Verbo?

El Verbo o la Palabra es el mismo Mesías, el hijo de Dios el eterno Padre, Cristo Jesús que permanecerá para siempre. Sé que esto es cierto con el sentimiento más profundo de mi ser. Doy un solemne testimonio de que la Palabra en Isaías 40:8 representa a Cristo, el Santo de Israel; o sea, al Verbo Divino en Juan 1:1. Esto me fue revelado mientras meditaba sobre este pasaje de las escrituras.

Hebreo y conclusión

Note que en hebreo no hay mayúsculas ni minúsculas por lo que las traducciones al español, y a otros idiomas, el uso o la falta del uso de las mayúsculas, quedan al criterio del interprete.  

En la Biblia Hebrea (Biblia Hebraica Stuttgartensia o BHS) se utiliza la expresión “pero-Palabra-de nuestro Elohim” (וּדְבַר־אֱלֹהֵינוּ) en contraste con la palabra del Señor (דְבַר־יהוה) o, palabra de Jehová.

(En otro artículo, “Elohim, nombre y título”, he explicado que la expresión Elohim es principalmente usada como un título de majestad para el Hijo en el Antiguo Testamento o Biblia Hebrea. En muchos casos, aparece como Jehová Elohim. Pero existen varias excepciones y una de ellas se encuentra aquí en Isaías 40:8. En resumen, todo el Antiguo Testamento testifica que Jehová también es Dios. No dude en escribirme si desea más información.)

De los cristianos de otras denominaciones, Charles Simeón (1832) y CHR Wordsworth (1871) son los únicos autores que he encontrado que declaran esta bella verdad. Después que sentí la gran inspiración sobre este versículo decidí fijarme en la nota al pie de la Biblia del Rey Santiago, la edición de 1984, con los apuntes del Elder Bruce R. McConkie, donde encontré lo siguiente: “Jesucristo, Mensajero del Convenio”.

Para mí fue una segunda confirmación de la inspiración que acababa de sentir del Espíritu. (Lo invito a agregar estas palabras, en su edición Reina Valera 2009, ya que quedaron fuera de la traducción de nuestra Biblia en español, “Jesucristo, Mensajero del Convenio”.)

Nota bibliográfica

[1] JS–History 1:72.

[2] TPJS, pp. 335–336.

[3] Smith, Joseph Fielding. Church History and Modern Revelation. Salt Lake City, Utah: The Council of The Twelve Apostles of The Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints, 1946.

[4] McConkie, Bruce R. Bruce R. McConkie. The Millennial Messiah: The Second Coming of the Son of Man, pp. 418–419.

[5] Maxwell, Neal A. But for a Small Moment. Salt Lake City, Utah: Bookcraft, 1986. p. 88.

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