Las diferencias políticas dentro de la hermandad de la Iglesia

Los élderes Benson y Faust sirvieron juntos como apóstoles por más de 15 años sin que sus marcadas diferencias políticas fueran un impedimento en su unidad y servicio en la Iglesia.

Muchos de nosotros hemos escuchado el viejo y extendido consejo que dice que para evitar polémicas, es mejor no hablar de política, fútbol y religión. Pocas cosas despiertan tantas pasiones y generan tantos conflictos como las diferencias políticas. Actualmente muchos países alrededor del mundo enfrentan una grave crisis de representatividad: los ciudadanos se sienten profundamente decepcionados de la política y esta situación suele agravar las discusiones y extremar las posturas.

Aunque la Iglesia permanece neutral a candidaturas específicas, se aconseja a los miembros participar en asuntos políticos, estudiar los programas de los candidatos, votar e incluso considerar la opción de ser candidatos para cargos locales o nacionales.

¿Cómo conciliar este deber de participación con la necesidad de mantener un ambiente de respeto, paz y colaboración entre los miembros de la Iglesia? ¿Es posible? ¿O más bien debemos resignarnos a no entrar en este tema para evitar conflictos? Permítanme hacer una breve reflexión sobre este importante y peliagudo asunto.

1. ¿Es malo que los miembros de la Iglesia tengan diferentes opiniones sobre política?

Importantes líderes políticos conversando durante el funeral del presidente Gordon B. Hinckley en febrero de 2008. En la primera banca a la derecha se ve a Harry Reid, en ese entonces líder de la mayoría demócrata del Senado de Estados Unidos, y en la segunda banca a la izquierda a Mitt Romney, en ese entonces candidato presidencia republicano, acompañado por su esposa. | Iglesia SUD.

Sería bueno recordar que no existe una determinada posición política que exprese fielmente todos los principios de nuestra fe ni es correcto intentar interpretar nuestra posición u opinión personal a través del Evangelio. Como dispone el Manual de Instrucciones, debemos ser cuidadosos en no hacer declaraciones que “pudieran interpretarse como que la Iglesia respalda algún partido, plataforma, norma o candidato” (véase el punto 21.1.29 del Manual 2: Administración de la Iglesia).

Dicho esto, es perfectamente normal que diferentes miembros, debido a distintas circunstancias, difieran también en sus preferencias políticas. Muchos recordarán que en el año 2012 la Iglesia estuvo siendo especialmente observada alrededor del mundo debido a que uno de los dos principales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, Mitt Romney, era un mormón activo. Romney representó al partido Republicano y peleó palmo a palmo la elección con el candidato demócrata Barack Obama frente al cual acabaría perdiendo. Del lado de Obama, Harry Reid, otro miembro fiel de la Iglesia, participaba activamente en la campaña del que a la postre resultaría vencedor. Reid era para ese entonces, líder de la mayoría demócrata en el Senado de los Estados Unidos y uno de los rostros más importantes de su partido. Como opositores políticos, ambos asumieron sin miramientos el rol que les correspondía en sus respectivas campañas e incluso llegaron a intercambiar, a través de la prensa, declaraciones que expresaban enérgica y abiertamente sus desacuerdos ideológicos.

Tal como Romney y Reid, hay otros varios casos de miembros de la Iglesia que han ingresado al mundo de la política en distintos lugares por medio de diversas veredas. Muchos otros miembros prefieren no participar directamente en la política partidista involucrándose, sin embargo, de manera activa en el debate público a través de la gestión de agrupaciones privadas, vecinales, sindicales o simplemente participando con sus opiniones autónomas

Dios no espera que todos seamos iguales, que pensemos igual y que actuemos 100% igual. Al respecto, el presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó “Como discípulos de Jesucristo, estamos unidos en nuestro testimonio del Evangelio restaurado y en nuestro compromiso de guardar los mandamientos de Dios; pero somos distintos en nuestras preferencias culturales, sociales y políticas.” (Véase “Cuatro Títulos” Conferencia General, Abril de 2013).

No solo no es malo ¡Es bueno! El Señor se vale de la diversidad para sus propósitos sagrados y ha establecido que la Iglesia se gobierne bajo un sistema de consejos en los que se estimula la participación ordenada pero igualitaria. Entre otras muchas cosas, las diferencias en nuestras posiciones políticas pueden nutrir y ampliar nuestros criterios y puntos de vista, incluso en aquellos ámbitos relacionados con la obra de salvación.

Como vemos, la diversidad política en la Iglesia puede ser una bendición. Pero lamentablemente y, como muchas otras cosas, puede ser un obstáculo peligroso y destructivo si se maneja mal.

2. ¿Cómo convivir con nuestros hermanos que tienen preferencias políticas distintas a las nuestras?

El Cuórum de los Doce Apóstoles del año 1984. Marcados con un círculo rojo se encuentra de pie el élder James E. Faust y sentado a la izquierda el entonces presidente del cuórum, el presidente Ezra Taft Benson. | Iglesia SUD.

El élder M. Russell Ballard enseñó que “debemos amarnos, estimarnos, respetarnos y servirnos el uno al otro a pesar de nuestras más marcadas diferencias, entre ellas las diferencias […]políticas” (véase “Doctrina de la Inclusión” Conferencia General, Octubre de 2001). Un buen ejemplo de ello lo encontramos justamente en dos líderes modernos de la Iglesia fallecidos ambos hace algunos años.

El presidente Ezra Taft Benson, miembro del Partido Republicano de los Estados Unidos, sirvió como secretario de agricultura en la administración del presidente Dwight D. Eisenhower, tenía posiciones bastante radicales, era un ferviente opositor a toda medida de intervención estatal en la economía e incluso tenía sus reparos al programa de derechos civiles para la población afroamericana en USA porque consideraba que era una especie de manipulación marxista.

El presidente James E. Faust, por su parte, fue elegido para integrar la cámara de representantes de Utah por el Partido Demócrata, participó en campañas políticas senatoriales y fue presidente de ese partido en Utah. Además,trabajó en la administración de John F. Kennedy como parte del comité de abogados para los derechos civiles de su país.

Ambos sirvieron como apóstoles de la Iglesia juntos durante 15 años. Es difícil imaginarse a estos dos líderes a quienes sostuvimos como profetas videntes y reveladores peleando, enojándose o permitiendo que las legítimas diferencias de opinión que probablemente tenían por pertenecer a dos partidos políticos tradicionalmente opuestos, interfiriesen en sus sagrados llamamientos.

Sin embargo, tampoco me los imagino cediendo continuamente en sus posturas ni acobardándose. El respeto no es sinónimo de debilidad en las ideas. Por otro lado, una opinión firme no es sinónimo de una opinión violenta.
El principal problema se produce cuando, al expresar nuestras razonables diferencias caemos en la contención. Este es el punto en el que la diversidad política sí puede ser peligrosa. El élder Dallin H. Oaks nos recuerda que el Salvador “prohibió la contención por parte de cualquier persona. Incluso aquellos que guardan los mandamientos no deben irritar los corazones de los hombres para que contiendan con ira. El padre de la contención es el diablo; el Salvador es el Príncipe de Paz.” (Véase “Amar a los demás y vivir con las diferencias” Conferencia General, Octubre de 2014).

Es necesario recordar que además de ser dañina, la contención es poco inteligente. Es más fácil recurrir al ataque personal, la descalificación, la burla y el enojo cuando nos quedamos sin argumentos coherentes. Algunas de estas situaciones generan lo que se conoce como falacias, argumentos que parecen válidos pero que no lo son. Podemos protegernos de las consecuencias perniciosas de la contención al informarnos rigurosamente del acontecer político y formar nuestra opinión tras un estudio acucioso y acabado de la realidad en vez de repetir consignas e ideas de otros sin entrar a analizar demasiado. Mientras más herramientas tengamos, más capaces seremos de expresar lo que pensamos con respeto a los demás.

Como todas las cosas que valen la pena en la vida, mantener un clima de paz con nuestros hermanos de la Iglesia que piensan distinto a nosotros requiere un esfuerzo personal: refrenar las pasiones, informarnos adecuadamente, separar la opinión política de la persona y elaborar argumentos sólidos. Sin embargo ¡vale la pena! A medida que rechacemos la contención y vivamos de acuerdo al mandamiento de amar a nuestros semejantes, nos convertiremos en ejemplos para una sociedad que necesita desesperadamente modelos de civismo y tolerancia.

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