[Opinión] Libertad de Expresión y Tolerancia para las Ideologías y su Diversidad

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Este es un artículo de opinión donde el autor expresa su punto de vista el cual es de su exclusiva responsabilidad y no necesariamente representa la posición de El Faro Mormón o la de alguna otra institución.


Es difícil no sentirse atacado por cualquier corriente de pensamiento que no sea la propia. Al fin y al cabo, “se está desacreditando aquello que creo es correcto”. Sin embargo, el centro de la libertad de expresión radica en la libertad de atacar ideologías, credos, etc., sin incurrir en ataques personales.

Con relación al “Bus de la Libertad“, como lo han llamado, usaré tres ejemplos bastante gráficos en cuanto al asunto, apelando a la empatía del lector, es decir, a su habilidad de ponerse en la situación del otro.

Supongamos que yo perteneciera a un grupo que defendiera cualquiera de las siguientes tres corrientes de pensamiento; ideología, credo, estilo de vida, etc. que, debo remarcar, no profeso ninguna de las tres:

  1. Canibalismo Ritual: tengo el derecho de alimentarme de los cuerpos humanos de mis familiares y/o amigos cuando estos fallecen. Es mi forma de expresar mi amor para con ellos y mi deseo de que estén cerca mío durante mi vida. También, todos aquellos que así lo piensen, no importando la edad, sexo o religión, etc., tienen el derecho y se les debe permitir practicar este tipo de canibalismo.
  2. Suicidio: tengo el derecho a cometer suicidio si estimo conveniente que mi vida ya no tiene valor para mí. Por lo tanto, todos aquellos que así lo piensen, no importando sexo, edad, raza, religión ni corriente política, etc. tienen el derecho a cometer suicidio si lo estiman conveniente, ya que su vida les pertenece a ellos.
  3. Sexo con personas biológicamente aptas para reproducirse: tengo el derecho de decidir mantener relaciones sexuales con cualquier persona biológicamente apta que me otorgue su consentimiento, no importando su edad ni sexo. Es decir, esto incluye a cualquier mujer que haya tenido su primera menstruación, y cualquier varón que ya puede biológicamente ser padre. Esto muchas veces incluye pequeños de 13, 12, e incluso 11 años. Pero debe recordarse que ellos ya son biológicamente maduros, por consecuencia, si puedo conseguir su aprobación, tengo el derecho a mantener relaciones sexuales con ellos, sin importar mi edad, sexo, religión, etc.

También, todos aquellos que piensen que cualesquiera de estas corrientes de pensamiento y estilos de vida son correctos debiera permitírseles, por ley, bajo el derecho de libertad de acción, actuar como lo deseen y estimen conveniente. Es importante mencionar que, si bien ninguna de las tres corrientes mencionadas ha sido científica ni socialmente estudiadas lo suficiente como para utilizar la ciencia o la sociología como fundamento firme, las tres son ampliamente practicadas en el reino animal y han sido abiertamente practicadas por diversas culturas desde hace mucho tiempo en la historia humana. Lo que es similar a las ideologías de género debatidas actualmente. Adicionalmente, es importante recalcar que, en el caso de la tercera ideología arriba nombrada, que muchos calificarían como pedofilia, ya se están tomando acciones legales a fin de pavimentar el camino hacia su completa implementación.

Ahora, supongamos que yo profeso cualquiera de estas tres corrientes de pensamiento que debo recordar, es una suposición, ya que no practico ninguna de las tres. Obviamente, las tres corrientes son extremadamente controversiales y salen de los límites que la sociedad considera normal y bueno. En consecuencia, simplemente por profesar una creencia en cualquiera de estas tres corrientes de pensamiento sería abiertamente atacado. A pesar de ello, con el tiempo personas se unirían a mi causa de pedir respeto, tolerancia, y libertad de acción, muy probablemente formando una minoría organizada y activa.

Supongamos ahora que esta minoría y organización a la cual pertenezco gana la aprobación de un grupo político, sin importar cuál sea. Debido a la lucha activa, el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, y la fuerza del grito ejercido en medios de comunicación y campañas ideologías y/o políticas, conseguimos un grado elevado de aceptación por la sociedad. La mayoría de las personas entonces nos tolerarían, aunque no estén de acuerdo con nuestro estilo de vida o ideología. Sin embargo, sería muy difícil erradicar completamente la discriminación y mucho menos la oposición. Pero al final, obtendríamos el permiso para actuar según nuestros deseos, y enseñar dichas corrientes de pensamiento a cualquiera que quisiera unirse a nosotros, incluidos nuestros propios hijos. Seríamos tolerados, y relativamente aceptados. No satisfechos con esto, como grupo deseamos dar un paso más para ser total y completamente aceptados. Pero no sólo como personas, sino que también buscamos que nuestra corriente ideológica y estilo de vida sea globalmente aceptada como correcta, natural, normal y buena. Ya que la tolerancia y el permiso de vivir libremente no son suficientes, queremos que a todos se les enseñe lo que nosotros “sabemos” es correcto.

Ahora bien, como los adultos generalmente ya tienen sus morales y corrientes de pensamiento formadas, nuestro enfoque sería en los grupos más vulnerables y susceptibles: los niños y adolescentes. Esto debido a que es sabido que los pequeños son como esponjas: absorben cualquier cosa que se les enseñe. Entonces, con el apoyo de grupos políticos y de los medios de comunicación, conseguimos un proyecto de ley que abale y enseñe, bajo el contexto de tolerancia a la diversidad, nuestra ideología en los colegios y escuelas, sin importar lo que los padres de los niños y adolescentes quieran o crean.

Es decir, incluso desde kínder o antes, comenzaríamos a infundir, poco a poco, nuestra corriente de pensamiento como algo normal y hasta algo bueno y aceptable, que debe ser tolerado, aceptado y hasta abrazado. Si esta ley, o grupo de leyes, son aceptadas e implementadas, para cualquiera de las tres corrientes de pensamiento mencionadas arriba, a grandes rasgos ocurriría lo siguiente:

  1. Se les enseñaría a niños en sus escuelas y colegios que el comer carne humana es aceptable, siempre y cuando sea de un familiar y/o amigo ya fallecido, porque eso es una forma de conectarnos con ellos más allá de sus existencias mortales. Por ende, se educaría a las generaciones emergentes que el canibalismo no sólo es normal, sino también aceptable y bueno. Como argumento, se enseñaría que muchas especies en el reino animal practican el canibalismo, e incluso el mayor acto de devoción que ciertas madres hacen es entregar su propio cuerpo a sus crías; además de enseñar que diversas culturas a lo largo de la historia lo han practicado, y se consideraba bueno y sin ninguna consecuencia negativa (cosa que es virtualmente imposible de estudiar, pero eso no se menciona).
  2. Se instruiría a pequeños que el cometer suicidio es algo normal, una decisión válida ante las dificultades de la vida. Es decir, es una opción viable si es que se quiere acabar con una existencia miserable, considerada sin valor. Y, además, que la persona más adecuada para evaluar dicha situación insostenible es uno mismo, ya que “nadie sabe mejor como me siento que yo mismo,” ¿verdad? Al fin y al cabo, “es mi vida, y soy libre de terminarla si así lo deseo.” Como fundamento, se podría mencionar que muchos animales se quitan la vida a sí mismos cuando ya no pueden vivir de una forma determinada, o simplemente se dan por vencidos y se dejan morir; además de que incontables culturas, incluso grandes imperios, consideran el suicidio como una forma honorable de morir.
  3.  Se educaría a pequeños en la ideología de libertad sexual. Es decir, ellos, aun siendo pequeños, tienen la libertad y derecho de mantener relaciones sexuales con quien lo deseen, incluido personas mayores, ya que a cierta edad serían biológica y sexualmente maduros para llevar a cabo dichos actos. Cabe recordar que estas cosas ya se están empezando a enseñar en escuelas y colegios con la aprobación política y gubernamental. Esta edad de madurez sexual es diferente en cada persona, pero es marcado en la mujer por la primera menstruación y en hombres es un poco más impreciso, pero alrededor de la misma edad. Estas edades varían entre los 13, 12, a veces 11 años (hay casos de niñas que han tenido su primera menstruación incluso más jóvenes). Como estos niños son libres de elegir, y ellos saben muy bien lo que su cuerpo les indica, no se les podría prohibir el mantener dichas relaciones sexuales. Inclusive, se podrían crear leyes para castigar a los padres que prohíban dichos actos. Para evidenciar de que estos actos son correctos, se recurre al reino animal, donde la mayoría de las especies que se reproducen sexualmente, comienzan a aparearse apenas son maduros biológicamente; adicionalmente, es sabido que en muchas culturas a lo largo y ancho del mundo, y en todas las edades que la raza humana ha visto pasar, mujeres son dadas en matrimonio y consideradas aptas para tener relaciones sexuales apenas les llega la primera menstruación, muchas veces con hombres notablemente mayores; y en muchas culturas incluso es necesario empezar a mantener relaciones sexuales como prueba de la mayoría de edad. Por ende, se enseña que estos actos son no solamente normales, sino aceptados, buenos y hasta es recomendable practicarlos si uno lo desea; y ¿quién mejor que uno mismo para decidir cuando se está listo?

Ahora, obviamente, la búsqueda de imponer dichos proyectos de ley despertaría la alarma entre los padres que no consideran que estas corrientes de pensamiento son correctas. Ellos no desean que se adoctrine a sus hijos, su propia posteridad, la carne que lleva sus propios genes, a quienes aman con todo su corazón y desean educar según lo que ellos creen es lo mejor, en ideologías que no consideran adecuadas. Es más, estas leyes que se pretenderían establecer serían un total abuso a su derecho como padres de proteger y educar a sus propios hijos, es decir estas leyes serían una violación a los derechos de los padres, de los niños y hasta de los derechos humanos. Al fin y al cabo, ¿quién querría que su pequeña de ocho años un día llegara a casa y les contara a sus padres que quiere cometer suicidio porque se cansó de vivir y estudiar? O, ¿quién no se indignaría al saber que su hijo de 12 años acaba de mantener relaciones sexuales con su profesora de 45, porque se sintió atraído hacia ella? O, ¿Quién consideraría correcto saber que su pequeño de 6 años de pronto manifestara que quiere comer la carne de la madre de un amigo, quien acaba de morir, porque ella siempre fue buena con él y quiere recordarla siempre? ¿Quién, en su sano juicio, aceptaría estas situaciones como normales o buenas? ¿Quién no consideraría que hay un abuso aquí, que algo no está bien?

En consecuencia, los padres de la mayoría de las personas de esta sociedad, representados por algunos lo suficientemente valientes como para informarse y manifestarse, deciden pasar por las calles un bus con mensajes que hablan directamente en contra de dichas corrientes de pensamiento. Especialmente porque se está a punto de dictar una ley que intenta educar a sus hijos desde pequeños en algo que ellos consideran moralmente malo, incorrecto, degenerando, perverso, abusivo, etc. Estos padres organizados están ejerciendo su derecho de expresión en un país relativamente democrático. Ellos no quieren que se enseñe dichas ideologías, no fomentadas social ni científicamente, a sus hijos. Aquellos devotos padres creen, además, que las minorías pueden enseñar a sus propios hijos dichas depravadas ideologías. “Los dejamos en paz, hagan lo que quieran con sus vidas, son libres de escoger, eso no los convierte en malas personas, si quieren enseñen dichas corrientes de pensamiento a sus propios hijos (tristemente, pero bueno, es su decisión), pero ¡no se metan con nuestros hijos!”. Ese es su grito principal, su grito de alarma, su grito de preocupación, su grito de auxilio.

En respuesta, mi grupo, mi minoría, mi organización con respaldo político, considera que este bus y sus mensajes son un ataque personal, intolerante, fóbico, discriminatorio y lleno de odio. Es decir, este es un bus de intolerancia y discriminación. Es el “bus del odio”. Por ende, nos manifestamos, no a favor de nuestra ideología, sino para que se corte la libertad de expresión de una ideología diferente y opuesta a la nuestra. Porque genera odio contra nosotros y nuestros hijos. Es decir, ese bus no debe recorrer las calles de nuestras ciudades. Y podemos agregar que dichas organizaciones de padres son, por no aceptar pasivamente nuestra ideología y nuestro deseo de adoctrinar a sus hijos en nuestras creencias, un grupo de intolerantes, discriminadores, cortos de mente, ignorantes, etc. Es decir, empezamos a atacarlos a ellos, y no a sus ideologías y creencias. Ese es el debate actual. Esa es la situación, si bien no con la misma ideología. No es el propósito de este ensayo el compararlas, ya que son diferentes, ni tampoco el rebatirlas. Básteme decir que ninguna de las cuatro ideologías mencionada en este mensaje tiene ningún fundamento científico ni social de peso.

Ahora bien, mi llamado es a ponernos en la situación de estos padres alarmados, de estos padres preocupados, amorosos y tiernos, que sólo desean tener la libertad de enseñar a sus hijos e hijas lo que ellos consideran mejor. ¿Ataca este bus la ideología contraria? Sí, pero de eso se trata la diversidad de pensamiento. El atacar ideas y no a las personas; de manifestarse libremente buscando la protección de los entes gubernamentales y, de paso, que se les permite expresarse tal y como se ha permitido a estas minorías.

En conclusión, todos somos libre de escoger, y en nuestra sociedad tenemos el derecho de educar a nuestros hijos según lo que estimemos conveniente. Pero no podemos ni debemos imponer dichas corrientes de pensamiento a otros que no lo deseen. Ellos también son libres de escoger. Este tipo de educación debe ser impartido en el hogar, y no en las escuelas. Finalmente, el hablar o expresar mensajes en contra de ciertas ideologías no es intolerancia, no es discriminación, no es odio; es manifestar una idea diferente bajo el derecho de libertad de expresión. No se está atacando a las personas, sino a su ideología, y si bien esto siempre va a llevar dolor de por medio, es una muestra de seguridad personal, autoestima y madurez, el decidir no ofenderse por ideas contrarias a las personales. Por lo tanto, el “Bus de la Libertad” no lleva un mensaje que propague el odio, ni de intolerancia, ni mucho menos de imposición de pensamiento sobre otros; sino más bien es una manifestación en contra de una ideología que pretende imponer un proyecto de ley que viola los derechos de los padres y de sus hijos.

Autor: Jaime Fuentealba Sanhueza

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