[Opinión] El aborto: una visión doctrinal

En estos últimos días ha vuelto a la palestra el efervescente debate que gira en torno a la despenalización del aborto, por tres causales, en Chile. Esta semana continuará el Primer Trámite Constitucional en la Cámara de Diputados, y se votará la causal de aborto terapéutico en caso de violación. Este trámite legislativo ha abierto el fuego argumentativo en redes sociales, lugares de trabajos, los hogares, y también al interior de los pasillos de la Iglesia.

¿Qué han opinado los profetas modernos sobre el aborto?. Es en este tipo de complejos temas en los que debemos reconocer la sabiduría elevada de un amoroso Padre Celestial, cuyo potente razonamiento debemos buscar, aceptar y adquirir como propio. Debemos recordar que uno de los propósitos de nuestra vida terrenal es, justamente, vivir un cambio en la manera de pensar y en el corazón que brinda una nueva perspectiva de Dios, de uno mismo y del mundo. Examinemos, pues, la opinión revelada por medio de profetas videntes y reveladores en estos últimos días respecto al aborto.

La regla general: el aborto es un pecado semejante a matar

En el Manual 2: Administración de la Iglesia, encontramos esta simple declaración que despeja toda duda respecto a la voluntad del Señor en relación al aborto: “El Señor mandó: “…no matarás, ni harás ninguna cosa semejante” (DyC 59:6). La Iglesia se opone al aborto voluntario provocado por razones de conveniencia personal o social. Los miembros no deben someterse a un aborto, llevarlo a cabo, hacer los arreglos para que se lleve a cabo, pagar el procedimiento, dar consentimiento para que se lleve a cabo o promoverlo” (negritas agregadas).

La norma es clara: el aborto voluntario provocado por razones de conveniencia personal o social es un pecado semejante a matar. Es un pecado tan delicado, que su confesión y debido arrepentimiento es materia de la entrevista bautismal1.

El élder Dallin H. Oaks ha declarado sobre este asunto: “El acto de destrucción más abominable es quitarle la vida a alguien; por eso, el aborto es un pecado tan grave. Nuestra posición en cuanto al aborto no se basa en un conocimiento revelado que nos aclare desde el punto de vista legal cuándo empieza la vida, sino que lo que la determina es nuestro conocimiento de que, de acuerdo con un plan eterno, existe un propósito glorioso para que todos los hijos espirituales de Dios vengan a la tierra, y que la identidad individual de cada uno comienza mucho antes de la concepción y continuará en las eternidades por venir”.

Por su parte, el presidente Spencer W. Kimball enseñó que “el aborto es una maldad cada vez mayor que nosotros impugnamos. Ciertamente sería difícil justificar el terrible pecado de un aborto premeditado (…) El aborto debe ser considerado como una de las prácticas más pecaminosas y repugnantes de esta época en la que estamos presenciando la espantosa actitud licenciosa que conduce a la inmoralidad sexual”.

Una regla general con posibles excepciones

Es sabido que uno de los pecados más graves que se puede cometer en esta etapa de probación es derramar sangre inocente, y el aborto es semejante a este pecado. ¿Eso significa que siempre es condenable el aborto? O en otras palabras, ¿siempre es un pecado? ¿Existen excepciones?

El Manual 2: Administración de la Iglesia es categórico en este tema: “Las únicas posibles excepciones son cuando:

  1. El embarazo sea resultado de una violación o de incesto.
  2. Un médico competente determine que la vida o la salud de la madre está en serio peligro.
  3. Un médico competente determine que el feto tiene defectos graves que no permitirán al niño sobrevivir después del nacimiento”.

Sin embargo, estos casos configuran una excepción que no debe entenderse como un permiso para actuar indiscriminadamente. El Manual continúa la regulación de estas tres excepciones: “Aun estas excepciones no justifican el aborto en forma automática. El aborto es un asunto sumamente serio y debe considerarse solamente después de que las personas responsables hayan consultado con sus obispos y hayan recibido confirmación divina por medio de la oración” (negritas agregadas).

En otras palabras, en los casos de violación, incesto, que médico competente determine que la vida o la salud de la madre está en serio peligro o que un médico competente determine que el feto tiene defectos graves que no permitirán al niño sobrevivir después del nacimiento, para que se considere como una excepción, no basta con que estos hechos ocurran. No se obtiene la aprobación divina de manera mecánica solo por el hecho de concurrir estas hipótesis. Adicionalmente, se debe buscar revelación por medio del consejo del líder del sacerdocio y mucha oración. Es decir, se debe recibir la revelación de que ese caso particular, es una excepción.

En este sentido, las palabras de los profetas modernos aportan mayor claridad. El presidente Gordon B. Hinckley enseñó lo siguiente: “Aun cuando lo condenamos [el aborto], pensamos que debe permitirse en ciertas circunstancias, como cuando el embarazo ha sido provocado por incesto o violación, cuando la vida o la salud de la madre corren serio peligro según la opinión de autoridades médicas competentes, o cuando estas autoridades médicas saben que el feto padece de graves defectos que no permitirán a la criatura sobrevivir más allá del nacimiento. Pero esos casos son poco comunes y hay muy pocas probabilidades de que se presenten. En esas circunstancias, a los que se ven enfrentados al problema se les pide que consulten a sus líderes eclesiásticos locales y que oren con gran fervor, que reciban una confirmación por medio de la oración antes de proceder” (negritas agregadas).

El élder Boyd K. Packer enseñó el mismo concepto: “Con excepción del embarazo como consecuencia del terrible crimen de incesto o violación, o cuando la ciencia médica confirma que la vida de la madre está en peligro, o que debido a una seria anormalidad el feto no sobrevivirá al nacimiento, el aborto está en la categoría de lo que ‘no harás’. Aun en esos casos tan singulares, es necesario orar mucho para tomar la decisión correcta. “Nos enfrentamos a decisiones tan delicadas porque somos hijos de Dios”.

¿Es Nefi un asesino por matar a Labán? Similitudes con las excepciones a la prohibición general de cometer un aborto

El principio de que el mandamiento de “no matarás” tiene excepciones es antiguo. Estas excepciones tienen un elemento en común: lo que se aplica es la voluntad de Dios respecto a un caso particular, comunicado mediante revelación, ya sea personal o mediante un profeta. En el caso del aborto, solo luego de mucha meditación, oración y consulta con los líderes eclesiásticos correspondientes, se puede tomar la decisión de proceder o no con un aborto en los casos excepcionales. En otras palabras, solo luego de que el Señor apruebe la decisión mediante revelación.

En el Libro de Mormón podemos encontrar un ejemplo de aplicación de este tipo de excepciones: Nefi recibió por revelación el mandamiento del Señor de matar a Labán para obtener las Planchas de Bronce. Sobre este asunto, el profeta José Smith enseñó: “Dios dijo: ‘No matarás’. En otra ocasión mandó: ‘Del todo destruirás’. Éste es el principio de acuerdo con el cual funciona el gobierno de los cielos: por revelaciones que se adapten a todas las circunstancias en que se hallaren los hijos del reino. Todo cuanto Dios requiere es justo, no importa lo que sea, aunque no podamos ver la razón por ello sino hasta mucho después de que se hayan verificado los hechos. Si buscamos el reino de Dios primeramente, todas las demás cosas buenas serán añadidas. Así fue con Salomón: pidió sabiduría ante todas las cosas, y Dios se la concedió, y con ella le dio todo lo que su corazón deseaba, aun cosas que pueden tenerse por abominables entre todos aquellos que no entienden sino en parte el orden de los cielos, pero que en realidad eran justas porque Dios las permitió y aprobó por revelación especial” (negritas agregadas).

Conclusiones

Ciertamente, los caminos del Señor no son nuestros caminos. Su Plan de Felicidad es perfecto, y en este plan se incluyen pruebas para que demostremos que le somos leales. Algunas pruebas serán difíciles y requerirán de nuestra fe. Por ejemplo, una prueba puede ser vivir un embarazo producto de violación, incesto, o que médico competente determine que la vida o la salud de la madre está en serio peligro, o que el feto tiene defectos graves que no permitirán al niño sobrevivir después del nacimiento. Como en toda prueba, se debe buscar la guía del Señor. Y la respuesta no siempre puede ser la misma para todos los casos. En algunas ocasiones, la respuesta revelada será buscar consuelo y cargar la cruz con paciencia, desarrollar fe y seguir adelante con el embarazo. En otras oportunidades, la respuesta revelada puede ser la opuesta, y el Señor manifestará su voluntad por medio del Espíritu de Revelación. En ambos casos, se debe buscar obedecer la voluntad del Señor, cuyas entrañas rebosan de misericordia y espera que seamos consolados por el gran poder infinito de Su Expiación.

Notas

1 — La pregunta 4 de la entrevista bautismal dice lo siguiente: “. ¿Ha cometido alguna vez un crimen grave? En caso afirmativo, ¿está usted en libertad condicional o bajo fianza? ¿Ha participado alguna vez en un aborto? ¿Y en una relación homosexual?”. Predicad mi Evangelio, p. 224.

Alonso Varas

Egresado de derecho de la Universidad de Chile. Es maestro del Instituto de Religión Santiago Oriente. Sirvió como misionero en Paraguay, Asunción entre los años 2007 y 2009.

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Alonso Varas

Egresado de derecho de la Universidad de Chile. Es maestro del Instituto de Religión Santiago Oriente. Sirvió como misionero en Paraguay, Asunción entre los años 2007 y 2009.

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