Opinión: Los mormones y la política II

A pocos horas de la segunda vuelta presidencial en Chile, las opiniones políticas se amplifican incluso entre los miembros de la Iglesia, felizmente dentro de los mormones hay un prisma amplio de colores al momento de definirse políticamente. Si bien sabemos que la Iglesia es neutral en asuntos de partidos políticos o candidaturas, no es menos cierto que los miembros de la Iglesia pueden escoger según sus preferencias el candidato o el partido que más les represente.

Gracias al proceso electoral chileno, han surgido debates, a veces acalorados, bastante interesante en la comunidad mormona. Es positivo que los miembros se involucre en los asuntos nacionales y participen. En ese contexto resulta provechoso analizar las reacciones de los miembros de la Iglesia entorno a esta elección, así las cosas, han surgido  diversas posiciones pero hay algunas que me preocupan, esas que consideran que una candidatura o ideología es la más correcta y cercana a los principios del Evangelio y que un buen mormón se vería impedido de votar por X o Y candidato. Esta clase de suposiciones viene de ambos sectores políticos. La discusión anterior la considero y creo que es posible resumirla a dos preguntas:

¿Se puede considerar inmoral una candidatura política en particular?
¿A la luz de los principios del Evangelio debería haber una candidatura política por la que un miembro deba inclinarse?

Respecto de la primera pregunta siempre he considerado que sentirse moralmente superior a los adversarios políticos es un error estratégico. Obviamente los SUD nos esforzamos por vivir un estándar moral o ético, no obstante al momento de señalar que una candidatura o candidato es inmoral por apoyar una política en particular, o haber estado supuestamente involucrado en ilícitos, es definir apresuradamente quienes son los buenos y quienes son los malos, es construir una muralla que evitará el diálogo futuro. Una cosa es señalar que no estamos de acuerdo con apoyar a determinada persona porque tenemos un punto de vista, basado en el Evangelio, que es diferente, pero otra es pregonar que esa persona es inferior moralmente a nosotros. El saber dialogar con aquellos que no conocen nuestras creencias es un valor, y en la medida que lo cultivemos podremos pedir reciprocidad, cuando sean nuestras prácticas las que estén en cuestionamiento. Respecto de la segundo pregunta, los principios del Evangelio no son un programa de gobierno, han sido establecidos para salvar almas no para construir partidos políticos ni gobernar países. Eso al parecer no es entendido por algunos miembros de la Iglesia. Que la aplicación de los principios del Evangelio puedan beneficiar a la humanidad, depende mucho menos de las elecciones y más de nosotros mismos como miembros de la Iglesia. En consecuencia, soy un convencido de que más importante que encontrar la respuesta absoluta a las preguntas planteadas, practicar la tolerancia y no imponer una respuesta total y absoluta al resto de los miembros es el camino. Y es que acaso ¿Existe una respuesta a las preguntas anteriores, susceptible de ser considerada correcta por y para todos quienes son miembros de la Iglesia? Me resulta fácil responder que en esta ocasión No.

Escoger e influir

Si bien tengo clara mi preferencia, en algo soy categórico, en esta elección no se está jugando ni la continuidad de la democracia ni la protección de la libertad religiosa. Sin duda existen proyectos políticos distintos, pero los cambios ocurren a través de procesos más largo que una sola elección. La pregunta es ¿En que manera como mormones estamos influyendo para generar una sociedad más similar a la que aspiramos?  Es cierto que no todos los SUD pensamos igual pero si tenemos valores, ideas y creencias comunes. En consecuencia, no debería ser raro que la  forma de vivir nuestra fe influya la sociedad que nos rodea. Resulta cómodo escoger entre las opciones que el mundo ofrece, pero más difícil es influir en el mundo. Es por lo anterior, que no basta con escoger cada cuatro años un candidato o proyecto político, estoy convencido que el albedrío más que escoger entre varias opciones, es influir a quienes nos rodean. Ahí está la verdadera tarea.

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