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OPINIÓN – No caigamos en el mismo pecado y aprendamos a amar. 

OPINIÓN – No caigamos en el mismo pecado y aprendamos a amar.
Escena de “(Christ) Rescue of the Lost Lamb”, por Minerva K. Teichert.

Por cuanto os habéis perdonado el uno al otro vuestras transgresiones, así también yo, el Señor, os perdono. DyC 82:1.

Hermanos, como miembros de la iglesia pero haciendo honor a nuestra temporal condición de seres de carne y hueso, tendemos a ser pre-juiciosos y convertirnos en el más inquisidor juzgador de los demás miembros de nuestra capilla, barrio o estaca, cuando estos caen en un error o cometen pecado, volviéndonos despiadados e incurriendo, por ese sólo hecho, en la comisión de un pecado igual o mayor que el que criticamos o reprochamos, lo que no nos hace mejores, sino peores; provocando muchas veces vergüenza, dolor, sufrimiento y pesar innecesario, consciente o inconscientemente, al miembro que esta siendo escrutado, causándole aflicción no sólo a él o ella, sino también a toda su familia, por lo que muchas veces causamos la inactividad de miembros y la perdida de almas a Nuestro Padre Celestial por nuestro actuar carente de amor, afecto, compasión; alejándonos nosotros mismos del espíritu santo por esa acción.

Olvidando que todos nosotros estamos en un camino diario y arduo hacia la perfección y que de nosotros depende alcanzarlo, por lo que no debemos caer en este tipo de desafortunados hechos, sino que debemos velar por seguir el ejemplo del Padre, quién nos concede la salvación y nos expía del pecado, con el solo hecho de arrepentirnos de ello “…Si confiesa sus pecados ante ti y mí, y se arrepiente con sinceridad de corazón, a este has de perdonar.” Mos. 26:29–31.

Por lo que, “…cuando “Dios perdona a los hombres, suprime o deja de lado el castigo que se requiere por el pecado. Mediante la expiación de Cristo, el perdón de los pecados está al alcance de todos los que se arrepientan, excepto de los culpables de asesinato o del pecado imperdonable contra el Espíritu Santo.” (Mateo 5:43-45; 6:12-15; Lucas 17:3- 4; Ne 7:19-21), por lo que debemos seguir los mandamientos y enseñanzas perfectas que nos da a través de las Escrituras y las palabras de vida que nos entregan nuestros lideres.

Sigamos el ejemplo del Padre, y perdonémonos los unos a los otros de forma sincera y desinteresada, por que “cuando las personas se perdonan entre sí, se tratan con amor cristiano y no tienen malos sentimientos hacia los que hayan ofendido” (DyC 82:1). Y así, podremos alejar al hombre carnal de nuestras vidas y tornarnos a la espiritualidad que estamos llamados a tener como miembros de esta iglesia real y verdadera.

Llenemos nuestros corazones de amor por el otro -luego de aprender a amarnos a nosotros mismos- y cuando sintamos que ese amor es real y verdadero en nuestro ser, sabremos que estamos siguiendo real y sinceramente el ejemplo del Creador.

Por Hno. José Luis de la Cruz.
Rama Llanquihue, Chile.


Este es un artículo de opinión donde el autor expresa su punto de vista el cual es de su exclusiva responsabilidad y no necesariamente representa la posición de FaroALasNaciones.com o la de alguna otra institución.

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