[Opinión]: Ya votamos. ¿Y ahora, qué?

El pasado domingo 15 de diciembre se realizó en Chile el balotaje de la elección presidencial. Todo el proceso eleccionario despertó en muchos miembros de la Iglesia las más profundas pasiones políticas, generando debates en reuniones sociales, reuniones eclesiásticas y redes sociales, entre otros. Sin duda el interés en los asuntos políticos es parte de la doctrina de los santos de los últimos días. Y es bueno que busquemos diligentemente a buenos funcionarios públicos. El Presidente Brigham Young enseñó al respecto que “nosotros, como todo otro buen ciudadano, debemos procurar que se elija a hombres que sientan la obligación y responsabilidades a las que un pueblo poderoso les somete, que sientan y reconozcan la importante tarea que se les ha encomendado por medio de la voz del pueblo al llamárseles a administrar la ley (DBY, 362).”1

Sin embargo, estas pasiones políticas deben moderarse. Lamentablemente leí algunos comentarios de miembros autoproclamándose la luz y la verdad por apoyar a tal grupo político, estando los que pensaban diferente cegados por las tinieblas. También leí un comentario en que un miembro de la Iglesia llamaba a otro apóstata por apoyar a una de las candidatas de la segunda vuelta. Con algo de tristeza recordé las enseñanzas de Alma padre en las aguas de Mormón: Y les mandó que no hubiera contenciones entre uno y otro, sino que fijasen su vista hacia adelante con una sola mira, teniendo una fe y un bautismo, teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro. (Mosíah 18:21).

Pero, ¿significa este llamado a la unidad que no podemos pensar diferente? ¿Significa que los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días deben apoyar a un solo candidato? Nada más lejos de la doctrina revelada. El Presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó lo siguiente en la Conferencia General de abril de 2013: “(…) aunque la Expiación tiene por objeto ayudarnos a llegar a ser más como Cristo, su fin no es hacer que todos seamos iguales. A veces, confundimos las diferencias de personalidad con el pecado; incluso quizás cometamos el error de pensar que porque alguien es diferente de nosotros no es aceptable ante Dios. Este modo de pensar lleva a algunos a creer que la Iglesia desea que todos los miembros se ajusten a un mismo molde, que cada uno de nosotros debe parecerse, sentir, pensar y conducirse como todos los demás. Eso contradiría la sabiduría de Dios, que creó a cada hombre diferente de su hermano, a cada hijo diferente de su padre; ni siquiera los gemelos idénticos son exactamente iguales en su personalidad ni en su identidad espiritual.

“También contradice la finalidad y el propósito de la Iglesia de Jesucristo, que reconoce y protege el albedrío moral de cada uno de los hijos de Dios, con todas sus amplias consecuencias. Como discípulos de Jesucristo, estamos unidos en nuestro testimonio del Evangelio restaurado y en nuestro compromiso de guardar los mandamientos de Dios; pero somos distintos en nuestras preferencias culturales, sociales y políticas.

La Iglesia prospera cuando aprovechamos esa diversidad y nos alentamos unos a otros a desarrollar y emplear nuestras habilidades para elevar y fortalecer a nuestros condiscípulos.”2

Entonces, ¿qué debemos hacer? Sabemos que la participación política es un mandamiento. El Manual 2: Administración de la Iglesia3, en la sección 21.1.29 contempla las normas sobre participación política de los miembros. Entre esta normas, se señala que “se anima a los miembros de la Iglesia, como ciudadanos, a participar en asuntos políticos y gubernamentales, incluso participar en el partido político de su elección.”4 Respecto de la elección del partido político que un miembro de la Iglesia decida apoyar, cada uno es responsable de buscar la inspiración necesaria para tomar la mejor decisión. La Iglesia ha sido categórica al establecer el principio de neutralidad política. El Manual señala que “si bien afirma el derecho de expresión en asuntos políticos y sociales, la Iglesia permanece neutral en asuntos de partidos políticos, plataformas políticas y candidatos a cargos políticos. La Iglesia no patrocina ningún partido ni candidato políticos. Tampoco aconseja a sus miembros cómo votar. Vale decir, no existe tal cosa como “el candidato de los mormones”. Debemos buscar guía e inspiración, para luego sufragar conforme a los dictados de nuestra propia conciencia.

Pero, las elecciones ya terminaron. Algunos miembros estarán conformes con el resultado, otros no. ¿Qué debemos hacer ahora? ¿Apoyar al gobierno electo, si voté por éste, o ser oposición en caso contrario? Nuevamente, el Señor ha revelado la respuesta mediante sus líderes. Esta revelación se encuentra en el ya citado Manual 2: Administración de la Iglesia, sección 21.1.29. La norma indica que “se anima a los miembros a que apoyen medidas que fortalezcan la estructura moral de la sociedad, en particular aquellas que tengan como fin mantener y fortalecer a la familia como la unidad fundamental de la sociedad.” ¿Qué quiere decir esto? En lo sucesivo, expongo mi opinión personal, por lo que me hago responsable de lo que a continuación expreso. Como miembros siempre debemos apoyar las medidas que fortalezcan la estructura moral de la sociedad, en particular las relacionadas a la familia. También hay otras medidas que fortalecen la estructura moral de la sociedad: las relativas a la palabra de sabiduría, ley de castidad, honestidad en negocios, etc. No importa de qué sector político surja el proyecto que apoye estas medidas, como santos de los últimos días tenemos el deber de apoyarlas. Eso significa que, si voté por la candidata electa, pero la oposición presenta un proyecto que fortalece la estructura moral de la sociedad, debo apoyarlo. O viceversa, si voté por un candidato que no salió electo (ya sea en primera o segunda vuelta), pero el gobierno propone un proyecto que fortalece la estructura moral de la sociedad, tengo el deber de apoyarlo. Qué interesante que el Manual 2 dice que debemos apoyar proyectos, con independencia de su procedencia. Debemos dejar de lado nuestro orgullo, y si es necesario apoyar una idea que no surge del grupo político de nuestra simpatía, debemos hacerlo.

Finalmente, me parece oportuno señalar que el Señor no ha revelado un sistema de estructura Estatal, ni regulación de mercados, ni sistema partidista, por mencionar algunos ejemplos. Podemos simpatizar con las diferentes propuestas políticas. Pero esto no nos exime de apoyar las medidas que fortalecen la estructura moral de la sociedad. Recordemos que, como dice el ya citado Manual 2, “los líderes y miembros de la Iglesia también deben evitar declaraciones o conductas que pudieran interpretarse como que la Iglesia respalda algún partido, plataforma, norma o candidato políticos.” Pero, cuando encontremos a un hermano o hermana que piense diferente a nosotros, no olvidemos que, tal como Pablo enseñó, somos conciudadanos, miembros de la familia de Dios. Respetemos nuestras diferencias, y busquemos juntos esos proyectos que fortalecen la estructura moral de nuestra sociedad.

1 Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigahm Young. Capítulo 36: Los gobiernos terrenales y el Reino de Dios. Disponible en https://www.lds.org/manual/teachings-of-presidents-of-the-church-brigham-young/039?lang=spa

2 Presidente Dieter F. Uchtdorf. Cuatro títulos, Conferencia General abril 2013. Disponible en http://www.lds.org/general-conference/2013/04/four-titles?lang=spa&query= . El destacado es del autor, y no se encuentra en el original.

3 Disponible en https://www.lds.org/handbook/handbook-2-administering-the-church?lang=spa

4 El destacado es del autor, y no se encuentra en el original.


Este es un artículo de opinión donde el autor expresa su punto de vista el cual es de su exclusiva responsabilidad y no necesariamente representa la posición de El Faro Mormón o la de alguna otra institución.

Alonso Varas

Egresado de derecho de la Universidad de Chile. Es maestro del Instituto de Religión Santiago Oriente. Sirvió como misionero en Paraguay, Asunción entre los años 2007 y 2009.

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Egresado de derecho de la Universidad de Chile. Es maestro del Instituto de Religión Santiago Oriente. Sirvió como misionero en Paraguay, Asunción entre los años 2007 y 2009.

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