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Heme aquí, envíame a mí: los convenios que hicimos en la preexistencia 

Heme aquí, envíame a mí: los convenios que hicimos en la preexistencia

Al escuchar estas palabras, “Heme aquí, envíame a mí” pensamos en nuestro Redentor, quien se dio como voluntario para ser nuestro Expiador (Abraham 3:27). Qué sublime. Qué tierno. Qué terrible el precio que tendría que pagar. Pero sin embargo estaba dispuesto. En las Santas Escrituras hay otro ejemplo de un voluntario. El profeta Isaías utilizó precisamente esta misma expresión cuando aceptó su misión terrenal (Isaías 6:8). La tradición judía indica que Isaías murió como mártir, tal como muchos de los profetas. 

¿Quién más se ofreció como voluntario para llevar a cabo asignaciones específicas? ¿Es posible que usted haya estado entre ellos? ¿Para llevar a cabo tareas u obligaciones desafiantes en la mortalidad? Si usted supiera que se sometió a tales acuerdos en la preexistencia, ¿esto le daría consuelo hoy en día al pasar por estas pruebas?  

Adversidad

¿Hizo un convenio antes de nacer de ser un rescatador? Este es un rasgo maravilloso que podemos desarrollar. Muchas mujeres tienen una sobreabundancia de este ingrediente del amor puro de Cristo. Me pregunto cuantos cónyuges hicieron convenios, antes de nacer, de ayudarle a sus compañeros eternos a sobrellevar los ardientes dardos del adversario (1 Nefi 15:24). ¿O el de vivir una vida de discipulado a pesar de los desafíos físicos o espirituales?

¿O cuantos se ofrecieron para ser un ejemplo y vivir una vida recta ante sus hermanos, padres o hijos? ¿O el de criar un hijo con necesidades especiales que necesita una medida adicional de amor? Vuelvo a preguntar, ¿Es posible que usted se ofreció para este tipo de asignación en la preexistencia? Mardoqueo le dijo a su sobrina, Ester, cuando ella tuvo que enfrentar una potencialmente devastadora adversidad, “¿Y quién sabe si para esta hora tú has llegado al reino?” (Ester 4:14a).  

La adversidad juega un papel importante en todas nuestras vidas. Nos ayuda a tener empatía. El presidente Henry B. Eyring enseñó: “Con todas las diferencias en nuestras vidas, tenemos por lo menos un desafío en común. Todos debemos lidiar con la adversidad”. Explicó que podemos olvidar nuestros desafíos al socorrer a otros y testificó: “Sé por experiencia propia que Él nos dará fuerzas para elevarnos por encima de toda tribulación” (“La adversidad”, Conferencia General, abril de 2009).

El élder Carlos H. Amado similarmente compartió: “Aquellos que han tenido que sufrir gran adversidad y pena pero que no dejan de servir a sus semejantes desarrollan una gran capacidad para comprender a otros” (“Subyugando la adversidad”, Conferencia General, octubre de 1989). Una vez más, parte del amor puro de Cristo que debemos desarrollar durante nuestro período de probación.

El élder Joseph B. Wirthlin testificó: “A pesar del desánimo y la adversidad, las personas más felices parecen saber cómo aprender de los tiempos difíciles y, como resultado, llegan a ser más fuertes, sabias y felices… creo que la forma en que reaccionamos ante la adversidad es un factor importante respecto a cuán felices y exitosos seamos en la vida” (“Venga lo que venga, disfrútalo”, Conferencia General, octubre de 2008).

Vida Preterrenal

El élder Bruce R. McConkie indicó: “Para llevar a cabo sus propósitos entre los hombres a y las naciones, el Señor preordenó a hijos espirituales elegidos en la preexistencia y les asignó venir a la tierra en un tiempo y lugar en particular para ayudar a promover la voluntad divina. Estos nombramientos preexistentes, hechos ‘por la presciencia de Dios Padre’ (1 Pedro 1:2), quien designó a ciertos individuos para llevar a cabo misiones que él mismo, en su sabiduría, sabía que tenían los talentos y capacidades para efectuar … Los espíritus más grandes y poderosos fueron preordenados para ser profetas y líderes espirituales … En todo esto no hay la menor traza de compulsión: las personas preordenadas para cumplir determinadas misiones durante la mortalidad están tan abundantemente investidas de libre albedrio como cualquier otra persona” (Doctrina Mormona, ver preordinación, énfasis añadido).

El élder Neal A. Maxwell expuso: “La vida preterrenal no es una doctrina relajante. Para cada uno de nosotros, hay opciones por tomar, incesantes y difíciles tareas para llevar a cabo, ironías y adversidades para vivir, tiempo que deberá ser bien utilizado … Ya sea la preordenación para los hombres o la predesignación para las mujeres, aquellos que son llamados y preparados también deberán demostrar ser ‘elegidos y fieles’ (Apocalipsis 17:14; DyC 121:34–36)… Esta doctrina nos brinda una identidad indiscutible pero también una intensa obligación de rendir cuentas en nuestras vidas … También nos recuerda que no tenemos toda la información. Habrá muchas ocasiones en las que deberemos retener juicio y confiar en Dios, aún en el medio de ‘todas estas cosas’… Estuvimos de acuerdo de venir aquí y someternos a ciertas experiencias bajo ciertas condiciones” (“La preexistencia, una gloriosa realidad”, Conferencia General, octubre de 1985).  

El presidente Spencer W. Kimball explicó: “Hicimos votos, solemnes votos en los cielos, antes de venir a esta vida terrenal… Nos comprometimos con nuestro Padre Celestial, que si Él nos mandase a la tierra y diera cuerpos y las oportunidades invaluables que la vida terrenal brinda, que mantendríamos nuestras vidas limpias y nos casaríamos en el santo templo y criaríamos una familia y les enseñaríamos la rectitud. Este fue un juramento, una promesa solemne” (Devocional en el Instituto de Religión de Lago Salado, 10 de enero de 1975).

El élder Dallin H. Oaks afirmó: “muchos de nosotros también hicimos convenios con nuestro Padre con respecto a lo que haríamos en la vida terrenal. Aunque no se nos ha revelado de qué forma, nuestras acciones en el mundo de los espíritus influyen sobre nosotros aquí” (“El gran plan de felicidad”, Conferencia General, octubre de 1993).

En otra ocasión el élder Maxwell también compartió: “Hermanas y hermanos, el grado de detalle involucrado en los convenios y promesas en los que participamos en ese momento puede resultar un asunto mucho más personalizado de lo que muchos conjeturamos … Una plena comprensión [sobre la preordinación] es imposible … [y deberemos] realizar que no estamos hablando de garantías de parte de Dios, sino que de oportunidades adicionales —responsabilidades más pesadas. Si estas responsabilidades están ligadas en alguna forma a nuestro rendimiento pasado o capacidades pasadas, no debería sorprendernos” (Devocional BYU, 10 de octubre de 1978).

El élder Orson Hyde aseveró: “El velo es grueso que nos separa del país donde vinimos [hablando del mundo de los espíritus—GB]. No podemos ver claramente —no podemos comprender claramente— ¡nos hemos olvidado! … ¿Qué acordamos antes de venir aquí? … Entonces, si es verídico que nos sometimos a un pacto con los poderes celestiales, antes de dejar nuestras primeras habitaciones, que vendríamos aquí y obedeceríamos la voz del Señor, por medio de quien quiera Él nos hablase, estos poderes y testigos del convenio al que nos sometimos; y no es imposible que hayamos firmado tales artículos con nuestras propias manos, —y que estos artículos pueden ser retenidos en los archivos ya mencionados, para sernos presentados cuando seamos resucitados de entre los muertos y seamos juzgados por nuestras propias bocas, según lo que está escrito en los libros” (Journal of Discourses 7:316, 6 de octubre de 1859).        

Al otro lado del velo

El presidente Wilford Woodruff enseñó: “El profeta José Smith sostuvo las llaves de esta dispensación a este lado del velo, y las tendrá a través de las incontables épocas de las eternidades. Fue al mundo de los espíritus para desatar las puertas de la prisión y predicar el Evangelio a los millones de los espíritus que están en las tinieblas, y cada apóstol, cada setenta, cada élder, etcétera, que ha muerto en la fe, tan pronto como pase al otro lado del velo, entra en la obra del ministerio, y hay mil veces más que predicar allí que aquí” (Discourses of Wilford Woodruff, p. 77.).

“Uno de los sentimientos más comúnmente expresados por aquellos que han vislumbrado más allá del velo durante una experiencia cercana a la muerte es que cada uno de nosotros tiene un propósito para nuestras vidas aquí en la tierra. A muchas de estas personas se les dijo que no podían permanecer en el mundo de los espíritus porque aún no habían completado su misión en la vida terrenal. Como Santos de los Últimos Días sabemos que de hecho existe un propósito para nuestra existencia. Creemos firmemente que antes de venir aquí, fuimos preordenados para propósitos específicos, asignaciones y oportunidades para crecer personalmente y para servir y fortalecer a los demás. Aunque no siempre sepamos la naturaleza específica o la duración de cada propósito para el cual fuimos enviados a esta tierra, cumpliremos esas misiones preordenadas si vivimos fielmente” (What’s On the Other Side: What the Gospel Teaches Us About the Spirit World by Brent L. Top).

Y serán visitados después de muchos días (Isaías 24:22)

El principio de la liberación de los muertos de los lazos de la prisión espiritual está entre los más gloriosos que se encuentran en las páginas de las Santas Escrituras, pero que sólo ha llegado a ser comprendido después de la restauración del Evangelio en estos últimos días. El Profeta José Smith enseñó que así como los antediluvianos tuvieron su día de liberación y visitación de la cárcel espiritual, también lo tendrían aquellos que vivieron posteriormente:

“La situación de las naciones cristianas después de la muerte, es un tema que ha exigido toda la sabiduría y el talento del filósofo y el divino, y es una opinión que se comprende generalmente, que el destino del hombre se fija irremediablemente en el momento de su muerte, y que se hace eternamente feliz, o eternamente miserable; que si un hombre muere sin un conocimiento de Dios, debe ser condenado eternamente, sin ninguna mitigación de su castigo, o alivio de su dolor, o la esperanza más latente de una liberación, mientras pasen las incontables épocas de las eternidades. Por muy ortodoxo que sea este principio, encontraremos que está en oposición al testimonio de las Sagradas Escrituras” (énfasis añadido).

El hermano José explicó que los que estaban en la prisión espiritual no sólo serían visitados y se les predicaría el Evangelio, sino que las puertas se abrirían para que fuesen librados del cautiverio (TPJS, p. 219). Son inmensamente pocas las personas han vivido sobre la tierra cuando todas las ordenanzas de salvación han estado disponibles. Es difícil poder visualizar el gran número de seres en el mundo de los espíritus a quienes se les ha predicado el evangelio, han aceptado las buenas nuevas y ahora esperan desesperadamente la liberación mediante estas ordenanzas vicarias. No es de extrañar, entonces, el sentimiento de urgencia expresado por el presidente Russell M. Nelson por el recogimiento de Israel en ambos lados del velo. Lo cual nos trae otra vez más al tema de los posibles convenios que hicimos antes de nacer.  

Influencia adicional del otro lado del velo

He leído innumerables relatos conmovedores en cuanto a los templos, en los que los espíritus de los difuntos se han manifestado para asegurarse de que se lleve a cabo la obra vicaria por ellos. El presidente Wilford Woodruff relata: “Cada uno de esos hombres que firmaron la declaración de independencia [de los EE.UU.], con el general Washington, me pidieron, como apóstol del Señor Jesucristo, en el templo de Saint George, durante dos noches consecutivas, y exigieron de mí que yo fuera y atendiera al asunto de las ordenanzas de la casa de Dios por ellos” (LeGrand Richards Speaks, p. 277).

Muchos hermanos y hermanas han tenido sueños similares en cuanto a sus ancestros. Hay algunos casos particularmente interesantes en los que los espíritus de nuestros antepasados se han manifestado cuando se iba ha llevar a cabo la obra por sus familiares, pero ellos, por algún descuido, no estaban siendo incluidos en las ordenanzas de la Casa del Señor.

En una ocasión, la persona que estaba llevando a cabo los sellamientos se detuvo tres veces para preguntarle a un individuo si no estaba dejando a nadie fuera de la lista de sellamientos. A la tercera vez y con toda esa insistencia la madre reconoció que no habían incluido a una hija que había fallecido de niña. Este relato lo compartí en un devocional sobre el templos e historia familiar. El siguiente discursante, un sellador del templo (que también había sido un Setenta de Área y un presidente del templo) dio fe y testificó con mucho poder que este tipo de ocurrencias eran común en todos los templos del mundo.

Con mi esposa, un día estábamos trabajando para preparar nombres para llevar al templo. Mientras estaba rebobinando un microfilm, mi mano se detuvo repentinamente. Allí, ante mis ojos, estaba el nombre de una hija adicional de una de las familias por las que estábamos preparando nombres para llevar al templo. Puedo testificar que estos espíritus rectos de los difuntos están muy conscientes de nuestro progreso en cuanto a lo que les atañe en relación a la obra vicaria.  

El presidente Russell M. Nelson amonestó: “No hay nada que ocurra en esta tierra en este momento que sea más importante que eso [es decir, el recogimiento de Israel a ambos lados del velo]. … Esta es la misión por la que fueron enviados a la tierra”.     

Bendiciones Patriarcales

Por un tiempo me pregunté repetidamente por qué sería que tenía una intensa necesidad de testificar de la divinidad de Jesús el Cristo. Después de algún lapso, el espíritu me susurró: “Vuelve a leer tu bendición patriarcal”. Y allí estaba escrito en blanco y negro. Ese era uno de los propósitos y asignaciones que se me había dado para mi vida. La de testificar de la divinidad de nuestro Redentor.

El ser un seguidor de Cristo no es algo que tomo por sentado. Mi padre es judío, mi abuelo paterno es un judío lituano y mi abuela una judía alemana. Aprecio por sobre todas las cosas mi testimonio que Jesucristo ha restaurado su Iglesia verdadera. Nuestras bendiciones patriarcales nos pueden, entonces, guiar en cuanto a los convenios y solemnes promesas que hicimos antes de nacer.

Tengo un amigo cuya bendición patriarcal dice que él llegaría ser un salvador en el Monte de Sion. Debemos recordar, eso sí, que nosotros debemos usar nuestras bendiciones para dirigir nuestras vidas en esa dirección. No pensemos que son cosas que pasarán automáticamente. Requieren esfuerzo de nuestra parte.

Una porción de mi bendición patriarcal explica que me tocaría viajar a los extremos de la tierra. Eso es interesante ya que era un joven de unos veinte años cuando recibí mi bendición de un patriarca que no me conocía. Cuando trabajaba para la universidad, en 1994 leí que necesitaban académicos para que viajaran a Rusia. El espíritu me indicó que yo debía ser uno de ellos y que esto era parte de mi bendición patriarcal. Había dos teléfonos incluidos en el artículo. La persona que contestó se río de mí cuando le di mi especialidad como agrónomo (productividad laboral y mediación de conflictos). Estaban buscando otro tipo de especialistas.

Podría haberme dado por vencido. Pero como había otro teléfono llamé de inmediato sin aceptar el rechazo. La segunda persona fue mucho más amable y me dijo, “Gregorio, gracias por llamar. Que bueno que llamaste. Nadie ha solicitado, por el momento, tu especialidad, pero voy a tomar tus datos por si acaso y te llamo si alguien pide un especialista como tú”. ¡Me llamó en tres días! Me tocó viajar a Rusia tres veces. En una ocasión los participantes de uno de mis talleres en Vorónezh, en el sur de Rusia, supieron que era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me preguntaron, ¿podrías dejar a un lado tu taller para contarnos un poco sobre tú Iglesia”? En esta y otras ocasiones pude testificar de nuestro Redentor y de su Iglesia restaurada. Entonces, insisto, debemos trabajar para que se cumpla nuestra bendición patriarcal.

El élder LeGrand Richards instruyó: “El patriarca, por medio del espíritu de revelación al que tiene derecho mediante su ordenación, debe ser capaz de revelar en su bendición algunas de las cualificaciones y los propósitos especiales para los que el miembro individual ha entrado en el mundo en este momento en particular… para llevar a cabo la misión por la cual fuimos preordenados” (ver, “The Patriarchal Calling” in LeGrand Richard Speaks, p. 247).

Siempre debemos afinar nuestro oído espiritual para estar atentos a los susurros del espíritu y recibir inspiración sobre nuestra misión terrenal. En varias ocasiones el espíritu ha susurrado a mi corazón y a mí mente: “Haz esto, ya que es parte de tu bendición patriarcal”, o “esta cosa que te acaba de suceder es el cumplimiento de tu bendición patriarcal”. Atesoro mi bendición patriarcal.    

A veces, el espíritu simplemente nos dirá algo sobre nuestra misión terrenal y los convenios que hicimos en la preexistencia. Compartiré dos ejemplos. Mi interés por la Biblia Hebrea (el Antiguo Testamento) creció después de que me uní a la Iglesia. En mi diario personal hablo de estudiar el gran profeta Isaías desde 1983. Si bien los escritos de Isaías y los profetas siempre han tenido un atractivo especial para mí, fue en 1996, mientras leía el Libro de Mormón, que las palabras de nuestro Salvador penetraron profundamente en mi corazón: “Y he aquí, ahora os digo que debéis escudriñar estas cosas. Sí, un mandamiento os doy de que escudriñéis estas cosas diligentemente, porque grandes son las palabras de Isaías” (3 Nefi 23:1). Este estudio bíblico también me ha ayudado a cumplir una porción importante de mi bendición patriarcal y me ha otorgado conocimiento esencial como un discípulo de Jesucristo.

También podemos solicitar otras bendiciones de consuelo o guía. Le pedí a un amado y recto líder del sacerdocio tal bendición el año pasado. Deseaba saber cuál sería la mejor forma de utilizar mi tiempo libre cuando no estaba trabajando en mi llamamiento como consultor de templo e historia familiar. Esa duda sobre el uso de mi tiempo se había convertido en una preocupación, ahora que había completado, después de veinte años de estudio, de escribir el libro Isaías testifica de Cristo. Tenía que elegir entre muchas buenas opciones. Mi líder pronunció una bendición del Señor, en la que me amonestó a arrodillarme en oración poderosa. Me sorprendió que se me prometió que el Señor respondería mi inquietud ese mismo día. Y es justamente lo que pasó. Gracias a esa bendición y oración se me aclaró completamente lo que debía hacer.

Durante años reflexioné, “Cómo resulté ser el único miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en mi familia. Tengo dos hermanos y dos hermanas que son considerablemente mejores personas que yo. ¿Cómo es que fui tan bendecido de ser miembro, entonces, cuando nadie más en mi familia era miembro?” Estaba meditando sobre esta pregunta durante una clase de la escuela dominical cuando era miembro de la Rama San Javier de Loncomilla, en el 2002. Me sorprendí con la respuesta del Espíritu, “Tus antepasados te eligieron antes de nacer para que en esta vida te aseguraras de que la obra vicaria por ellos se llevara a cabo”. Me queda claro, entonces, que también hice convenios sagrados con mis antepasados en la preexistencia.

Conclusión

Saber que muchos hicimos compromisos, convenios y acuerdos solemnes antes de nacer es muy importante para mí. He oído decir muchas veces que una parte importante de nuestra prueba terrenal tiene que ver con enfrentar nuestros desafíos con una perspectiva positiva. Tal vez acordamos enfrentar algunos de estos desafíos antes de nacer. Además, numerosas personas realizaron acuerdos o hicieron convenios con el Señor y con sus antepasados de hacer algunas cosas específicas aquí en la tierra. Qué espléndida y asombrosa responsabilidad. Tengo un gran deseo de cumplir estos convenios aquí en la mortalidad. Quizás, cuando ciertas asignaciones terrenales fueron mencionadas en la preexistencia, donde no hay duda de que el principio del albedrío moral siempre ha funcionado, seguramente también nos levantamos para decir: “Heme aquí, envíame a mí”.  

Nota

Estoy agradecido a los voluntarios de la página de Clay Gorton (Ask Gramps) y la página de Scott Woodward por coleccionar algunas de las citas de las autoridades generales que he incluido.  

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