La oración: más allá del sí y el no

Cada susurro del Espíritu es algo sagrado. Las cosas personales que comparto en estos artículos son aquellas que el Espíritu me ha permitido comunicar. Soy un individuo normal, de lo débil e indocto del mundo (DyC 35:13b), con las deficiencias típicas de cualquier persona. Quizás lo que sí tenga es el don de reconocer la mano del Señor en mi vida. Esa mano divina está en todas nuestras vidas, aun cuando no la reconozcamos.

El Profeta Brigham Young enseñó, “No creo por un momento que haya habido un hombre o una mujer sobre la faz de la tierra, desde los días de Adán hasta el día de hoy, que no ha sido iluminado, instruido y enseñado por las revelaciones de Jesucristo”.

Adicionalmente, el Presidente Brigham Young enseñó que es nuestra obligación recibir revelación: “Si yo destacara de entre todos los deberes que se requieren de los hijos de los hombres, del primero al último, yo pondría en primer lugar el deber de buscar al Señor nuestro Dios hasta que abramos el camino de la comunicación del cielo a la tierra —de Dios a nuestras propias almas”.
El Profeta José Smith declaró: “Es el privilegio de los hijos de Dios venir a Dios y obtener revelación…”. Y también manifestó, “Es una gran cosa el indagar ante las manos de Dios, o el de llegar a su presencia” (HC 1:338–339). El contexto de esta última cita es que debemos aprender a recibir nuestras propias revelaciones directamente de la fuente. No es la intención del Padre que busquemos algún intermedio como nuestros obispos, misioneros o amigos. Por supuesto que podemos pedir guía de nuestros líderes y amigos. El ser escuchado en forma empática nos ayuda a comprender nuestras opciones.

Ellos nos atenderán con cariño. Generalmente nos pedirán que busquemos respuestas en oración. Hace poco me sucedió exactamente eso. Le pedí una bendición de consuelo (de guía) a uno de mis líderes. (Deseaba saber cómo dedicar mi tiempo libre no relacionado con mi llamamiento.) En la bendición este líder inspirado me dijo que hallaría la respuesta cuando me hincara ante el Padre en profunda oración. Me sorprendió cuando también agregó que el Señor me respondería dentro del día —todo se cumplió al pie de la letra.

Además de respuestas “sí” o “no” podemos recibir otras. Inclusive, es posible obtener inspiración o revelación personal que no está relacionada a alguna pregunta específica. En contraste a las oraciones en las que le preguntamos al Padre si nos está escuchando, y por ende podemos sentir de ese Espíritu especial en cada oración, en este artículo veremos aquellas respuestas o revelaciones personales que vienen en el tiempo del Señor —no en nuestro tiempo.

Los profetas nos han advertido repetidamente que las revelaciones personales nunca contradecirán ni a los siervos del Señor ni a las Escrituras.

Luz y verdad

En Doctrina y Convenios leemos: “La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad” (DyC 93:36). Es por medio de esa luz que el Señor nos habla y revela la verdad. El Profeta José Smith instruyó: “Una persona podrá beneficiarse si percibe la primera indicación del espíritu de revelación; por ejemplo, cuando sientan que la inteligencia pura fluye en ustedes, podrá darles una repentina corriente de ideas, de manera que, por atenderla, verán que se cumple el mismo día o poco después; (es decir) se verificarán las cosas que el Espíritu de Dios haya comunicado a su mente; y así, al aprender a reconocer y entender el Espíritu de Dios, podrán crecer en el principio de la revelación hasta que lleguen a ser perfectos en Cristo Jesús” (HC 3:381).

Es por lo que generalmente —y hay importantes excepciones— recibiremos inspiración por medio de luz e inteligencia y nosotros debemos traducir éstas al idioma que hablamos.

Dos olas

En mis estudios sobre Isaías coleccioné muchísimos libros y traducciones de los escritos del Profeta a varias lenguas antiguas tal como el tárgum, arameo, siriaco, griego, y latín. Pero me faltaba uno: el caldeo. Esa traducción era mencionada frecuentemente por los eruditos. Le oré al Padre para que me ayudara a encontrarla. Pasó un año y todavía no encontraba esa traducción. Un día estaba en una librería de segunda mano cuando sentí esa luz y verdad, o el espíritu de revelación. El Señor me explicó, “El caldeo que buscas ya lo tienes, es lo mismo que el tárgum”. Mientras reflexionaba sobre lo que había sentido, el Espíritu me dio otro mensaje. “¿Ves ese diccionario bíblico de varios tomos, al otro lado de la sala? Busca la palabra ‘caldeo’”. Era el diccionario de Hastings (A Dictionary of the Bible) que ya conocía. Tomé el tomo correspondiente y lo abrí a la entrada “caldeo”, en el que se encuentra: “ver tárgumim”.

He tratado de analizar esta bella experiencia. El Padre se interesa en lo que nos interesa, por insignificante que parezca. La respuesta a mi solicitud tardó mucho tiempo y se comprende fácilmente el porqué. Encuentro notable que exista una pausa entre los susurros del espíritu en algunas revelaciones personales. Es como si éstos llegaran en dos olas. El Espíritu revela algo y después de esa pausa la revelación vuelve, como si estuviera diciendo, “Y para que sepas que soy Yo el que te hablo, toma en consideración esto otro también”.

No todos los susurros del espíritu están acompañados por estas olas de conocimientos adicionales, pero compartiré otro ejemplo. Cuando tenía más o menos trece años la profesora de religión —del colegio católico al que asistía en Santiago— nos habló de la Trinidad. Nos contó que sería más fácil vaciar el mar Pacífico en la playa por medio de un balde, que comprender el gran misterio de la Trinidad. Me acuerdo el haber pensado, “Como si fuera fácil vaciar el mar Pacífico… y con un balde… en la arena de la playa ¡en la que el agua simplemente regresa al mar!”

No volví a pensar más de eso hasta que el Espíritu me visitó esa tarde en camino a mi hogar. Recibí luz y verdad. Si tuviera que decirlo en palabras, era algo como: “Tu profesora está un poco confundida”. Eran sentimientos de cariño y no de enojo que sentí de parte del Espíritu. “Pero es muy simple. Existe Dios el Eterno Padre; Jesucristo o Dios el Hijo; y Dios el Espíritu Santo. Son tres seres diferentes, pero uno en propósito”.

Mientras que trataba de comprender lo que había percibido, después de una pausa llegó la segunda ola de revelación. Me vi en mi casa tocando la puerta del estudio de mi padre. Cuando él abrió, me vi solicitándole permiso para viajar al campo como solía hacerlo cuando se juntaban varios feriados. Mi padre me dijo, “Este fin de semana, no, por este, este y este motivo… pero puedes preguntarle a tu mamá si deseas”. Yo feliz por esa oportunidad de hablar con mi madre, pero en cuanto me di vuelta para ir a buscarla recordé que acababa de hablar con ella. Mi mamá me había dicho esencialmente lo mismo, “Este fin de semana, no, por este, este y este motivo (los mismos que mi padre me había dado) … pero puedes preguntarle a tu papá si deseas”.

Como un joven de trece años no conocía a nadie tan unido como eran mis padres en esa época. Comprendí la lección del Espíritu perfectamente bien: “Así como tu mamá y tu papá son dos seres diferentes —uno es mujer y el otro hombre— ellos son uno en propósito”. Llegué a comprender, entonces, que Dios el Eterno Padre, que Dios el Hijo y que Dios el Espíritu Santo eran tres seres diferentes, pero uno en propósito. Ellos son realmente uno en cariño y en amor; no hay rivalidad entre ellos, no hay envidia entre ellos. (Este conocimiento lo atesoré en mi corazón y me ayudó a reconocer a la Iglesia verdadera unos años más tarde.)

Sueños revelatorios

Algunos sueños son revelatorios en el sentido que son mensajes del Señor para nosotros. Tienen un motivo específico que llegaremos a comprender con el tiempo, o a veces casi inmediatamente. Podemos preguntarle al Padre si algún sueño que hemos tenido es una revelación personal.

Una hermana de una rama a la que pertenecía tuvo un sueño en el que se vio involucrada en un accidente durante una actividad de campamento de la Iglesia. Ese sueño se tornó en realidad y felizmente sin consecuencias demasiado maléficas.

Pienso que el Señor quería enseñarle algo importante a esa fiel hermana. En el futuro ella podía solicitar que el Padre quitara ese contratiempo —si tal bendición estaba dentro de Su voluntad. Me gustaría sugerir que Él le dio el sueño justamente por ese motivo. El Señor no siempre quitará los percances de nuestra vida, pero cuando accede a nuestra petición podemos proseguir sin temor.
En algunas ocasiones tendremos que cambiar de planes. Cuando somos obedientes a los susurros del Espíritu casi nunca sabremos, en esta vida, cuáles son los percances que hemos evitado.

Visiones

En contraste a los sueños, en las visiones percibimos algo con los ojos espirituales mientras estamos despiertos. En la revelación personal que recibí sobre la Trinidad, cuando me vi en mi casa conversando con mis padres, eso fue una visión.

Visita de ángeles

Los ángeles que Dios manda no siempre son mensajeros del otro lado del velo. Pueden ser miembros de nuestra familia, vecinos, maestros orientadores, maestras visitantes o líderes inspirados que sintieron la necesidad de llamarnos justo cuando más los necesitábamos. Qué bendición es ser ministrados por tales ángeles y qué dicha es ponernos en las manos del Padre para ser uno de esos ángeles al seguir los susurros del Espíritu, sirviéndole a nuestro prójimo.

En varias ocasiones he sentido que el Señor me estaba mandando un mensaje por medio de personas que no eran miembros de la Iglesia.

Una noche estaba con un grupo de colegas de la Universidad de California en el sur de ese estado. Íbamos a entrar a una ciudad fronteriza de México por una vía de peatones. Un desconocido me aconsejó, “Usted no debería entrar a esta hora”. En un principio me molesté, pero me di cuenta de que era una advertencia de parte del Señor y no entré.

En otra ocasión estaba con mis hijos en una actividad de padres e hijos de la estaca (conmemoración de la restauración del Sacerdocio Aarónico). Vi una pradera hermosa y me dieron deseos de caminar con mis hijos en ella. Los fui a buscar y antes de entrar a la pradera nos topamos con un hombre que nos advirtió del peligro de hacerlo. Nos contó que había toros peligrosos. Una vez más sentí que era el Señor que me estaba previniendo y no entré.

Conclusión

En La Guía del Estudio de las Escrituras leemos estas bellas palabras sobre la revelación: “Comunicación de Dios con Sus hijos sobre la tierra. La revelación se recibe mediante la Luz de Cristo y el Espíritu Santo, y también por medio de inspiración, visiones, sueños o mediante la visita de ángeles. La revelación brinda la guía que puede conducir a los fieles a la salvación eterna en el reino celestial… Por medio de la revelación, el Señor guía individualmente a todo aquel que la busque y que tenga fe, se arrepienta y sea obediente al evangelio de Jesucristo… En la
Iglesia del Señor, los integrantes de la Primera Presidencia y del Consejo de los Doce son profetas, videntes y reveladores para la Iglesia y para el mundo. El Presidente de la Iglesia es la única persona, entre todos ellos, autorizada por el Señor para recibir revelaciones para toda la Iglesia (DyC 28:2–7); sin embargo, toda persona puede recibir revelación personal para su propio beneficio”.

Gregorio Billikopf Encina
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Gregorio Billikopf Encina

Gregorio pertenece a la Rama Llanquihue, Estaca de Puerto Montt, Región de los Lagos, Chile. Es el autor de Isaías testifica de Jesucristo y un académico emérito de la Universidad de California y profesor de la Universidad de Chile; autor de Mediación Interpersonal: Facilitando el diálogo entre las partes (5ta edición) y Administración Laboral Agrícola: Cultivando la productividad del personal (2da edición). Gregorio es hijo de padre judío y madre chilena. Se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días después de encontrar a Cristo al leer el Libro de Mormón. Puede comunicarse con el autor a través de bielikov2@yahoo.cl.
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