La oración y la verdad de todas las cosas

En el primer artículo sobre la oración analizamos cómo acercarnos al Padre y preguntarle si había escuchado nuestra oración. Usamos el patrón perfecto de la oración, Moroni 10:3–5. Ojalá que haya sentido que el Padre está escuchando cada una de sus oraciones.

Ahora nos enfocaremos en el último de esos tres versículos. El segundo experimento será casi idéntico al primero, pero indagaremos específicamente sobre la veracidad del Libro de Mormón (lo haremos como un ejemplo de otras preguntas que pudiéramos hacerle al Padre).

Después de bautizar y confirmar a David, mi hijo mayor, lo mandé a mi cuarto y le dije, “Hijo, no salgas hasta no haber sentido el Espíritu del Señor”. Pero no le ofrecí una explicación de cómo orar y cómo escuchar las respuestas a nuestras oraciones. El pobrecito se tocaba el pecho para ver si ardía y si el Señor le había contestado. ¿Cuántas veces le pedimos a los investigadores que pregunten si el Libro de Mormón es verdadero, pero no les enseñamos cómo hacerlo?

El segundo experimento

Para indagar sobre la veracidad del Libro de Mormón comenzará con los mismos pasos que vimos en el primer experimento. O sea, busque un lugar privado para orar sin distracciones; medite sobre aquellas cosas por las que siente un agradecimiento intenso; arrodíllese; diríjase al Padre; recuerde que indagar ante el Padre es un proceso sagrado, pero también que el Padre se regocija al escucharle; ore con la fe, confianza y con la humildad necesaria para aceptar la respuesta; agradezca de corazón aquellas cosas que meditó anteriormente y dígale al Padre que lo ama; vuelva a preguntarle si le está escuchando y espere la respuesta con paciencia.
Dijimos que un “sí” se siente por medio de los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22–23a); un “no” lo percibimos por medio del silencio o por “un estupor de pensamiento” (DyC 9:9).

Si siente que el Padre le está escuchando, hará dos preguntas adicionales. La primera será, “Padre, ¿te puedo hacer otra consulta?” El Padre ya sabe lo que le va a preguntar y le responderá ya sea con un “sí” o con un “no”.

Entonces, si siente que el Padre le ha abierto la puerta para hacer una pregunta adicional, podría indagar algo como: “Padre, ¿el Libro de Mormón es un libro inspirado?”

También podría orar en una forma adaptada a Alma 22:18 e indagar algo como: “¡Oh Dios!, los misioneros (o mi amigo) me han dicho que hay un Dios; que su Hijo Jesucristo murió por nosotros y que el Libro de Mormón es verdadero y nos guiará de vuelta a nuestro hogar celestial, y estoy empezando a creer y a tener esa esperanza de que lo que los misioneros me están enseñando son verdades eternas, ¿si es así me lo dejarías saber a mí?, y abandonaré todo lo que fuese necesario para conocerte y seguirte, para que sea levantado de entre los muertos y sea salvo en el postrer día”.

Nunca debe agregar las palabras “o no” a una pregunta de este tipo ya que si siente los frutos del Espíritu no sabrá interpretar la respuesta. O sea, en nuestro ejemplo, si pregunta si el Libro de Mormón es verdadero o no, y siente los frutos del Espíritu, no sabrá si el sí es porque el libro es verdadero o porque no lo es.
Yo testifico que sé, con cada fibra de mi alma, que Dios vive, que Jesús es el Cristo, que el Libro de Mormón es verdadero, y que el Señor se deleita en contestar nuestras oraciones.

El Profeta Ezra Taft Benson testificó: “El Libro de Mormón es la piedra clave de nuestro testimonio de Jesucristo, quien a la vez es la piedra angular de todo lo que hacemos… es la piedra clave del testimonio. Al igual que el arco se derrumba si se le quita la piedra clave, así también toda la Iglesia permanece o cae en base a la veracidad del Libro de Mormón. Los enemigos de la Iglesia entienden esto claramente, y ésa es la razón por la que luchan tan arduamente para tratar de desacreditar el Libro de Mormón, porque si pueden hacerlo, también descalificarían al profeta José Smith, así como nuestra afirmación de que poseemos las llaves del sacerdocio, revelación y la Iglesia restaurada. Asimismo, si el Libro de Mormón es verdadero —y millones ya han testificado que han recibido la confirmación del Espíritu de que en realidad es verdadero— entonces uno debe aceptar las afirmaciones de la restauración y todo lo que la acompaña”.

Cuando esté listo para finalizar la oración, hágalo agradeciendo este momento sagrado en el nombre de Jesucristo. Escriba su testimonio sobre esta experiencia en un diario de vida espiritual. Es una forma de agradecerle al Padre por este inmenso obsequio —el tesoro de un testimonio. Cuando anotamos nuestros testimonios veremos la mano de Dios más claramente en nuestras vidas.

Gedeón el profeta

Gedeón, en el tiempo de los jueces, fue llamado a ser un profeta y un líder militar. Gedeón puso a prueba al Señor para asegurarse que él estaba haciendo lo correcto ante Dios. Era un hombre de mucha fe e integridad.
Las escrituras nos advierten claramente en contra de buscar señales inicuamente. Por ejemplo, vemos que existen personas que “piden señales para satisfacer sus concupiscencias” (DyC 46:9b).

Las escrituras también están repletas de ocasiones en que Dios ha pedido a sus seguidores que lo pongan a prueba en el sentido más positivo de la expresión, tal como en Moroni 10:3–5. El Profeta Isaías le pidió al Rey Acaz que pusiera a prueba al Señor: “Y habló otra vez Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti una señal de Jehová tu Dios; pídela abajo en lo profundo o arriba en lo alto” (Isaías 7:10–11). Acaz, por medio de una falsa rectitud pretendió ser ofendido. “Y respondió Acaz: No pediré ni tentaré a Jehová” (Isaías 7:12 ).

Gedeón, volviendo a nuestra narrativa, preguntó en dos formas respecto a una misma cosa: “Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío está en el vellón solamente y queda seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho. Y así aconteció, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua. Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí si aún hablo una vez más; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío caiga sobre la tierra. Y aquella noche lo hizo Dios así; solo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío” (Jueces 6:36–40).

La petición de Gedeón fue muy lógica ya que alguien podría señalar que el vellón, naturalmente, debería amanecer seco… o mojado. Gedeón lo comprobó de ambas maneras. Por medio del experimento sobre la oración que llevó a cabo Gedeón, podremos aprender mucho sobre nuestras propias oraciones.

Opciones

Cuando yo era presidente de una rama el patriarca vivía en nuestra unidad. Un día recibí una llamada desesperada de su hija menor, pidiéndome que fuera al hospital y le administrara a su padre. El patriarca había tenido un derrame cerebral. Yo sentía mucho afecto por él. También comprendía que debía buscar la voluntad del Padre.

El patriarca no era joven y mi primera consulta, cuando me hinqué ante el Padre, fue algo como: “Padre, tú llevas a tu siervo a tu presencia, ¿verdad?” La respuesta, usando el modelo que hemos detallado, fue “no”. Quedé muy extrañado y esta vez pregunté medio atónito, “Padre, ¿entonces deseas que él viva?” La respuesta fue, “sí”. Me dirigí al hospital y el Señor bendijo al patriarca (yo sólo fui voz). Su recuperación fue total.

Algunas consultas, entonces, son sobre posibilidades mutuamente opuestas. Si el Señor desea la opción A, entonces no desea la opción B. La bendición del patriarca es un buen ejemplo. Yo había deseado saber si el patriarca estaba “señalado para morir” (DyC 42:48b).
Existen otros tipos de preguntas, tal como optar por una de varias ofertas laborales, o asistir a cuál de varias universidades. Cuando recibimos un “sí” (o un “no”) a cada una de las opciones por las que estamos orando, puede ser que el Señor nos esté explicando que la decisión es nuestra. Podemos verificarlo al preguntarle si está dejando la opción completamente a nuestro criterio.

También es posible que el Padre desee que estudiemos las alternativas cuidadosamente. A Oliverio Cowdery el Señor lo amonestó: “He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme” (DyC 9:7).

Al Padre no le gusta que lo encajen

Una vez le pregunté al Padre si una sobrina política que sufría cáncer iba a sanar. Sentí el abrazo consolador del Espíritu. Lo malinterpreté pensando que ella iba a restablecerse. En cambio, el Señor me estaba indicando que esto estaba en sus manos y no debía preocuparme. Yo no le estaba dando una bendición de salud y no necesitaba saber si ella viviría o volvería a su presencia.
Las preguntas sobre lo que debemos hacer, entonces, son muy diferentes a las que están relacionadas con nuestras preocupaciones sobre lo que va a pasar. Al Señor no le gusta que lo encajen. Generalmente prefiere consolarnos y dejarnos saber que nos está protegiendo en cuanto a nuestras preocupaciones sobre el futuro —pero que no necesariamente nos quitará el desafío.

Ofrecernos para ayudar

En vez de orar, “Padre, bendice a los pobres y afligidos, a los misioneros, a aquellos que buscan la verdad, concédenos paz”, quizás recibiremos más respuestas a nuestras oraciones cuando nos ofrecemos a ser parte de la solución.

“Padre, ¿qué puedo hacer hoy para socorrer a uno de tus hijos? Ayúdame a reconocer cuando alguien necesite ser escuchado con empatía, o precisa de una palabra de aliento. Ayúdame a saber qué es lo que puedo decir para ayudar a alguna persona que necesite recibir tu Evangelio, ayúdame a perdonar a los que me han ofendido”. De esta forma estamos siendo instrumentos en sus manos.

El Presidente Henry B. Eyring ha enseñado que cuando nos topemos con otros en nuestro diario vivir, consideremos que la mitad de estas personas están sufriendo amargas tristezas o dolores. ¿Quién sabe mejor que el Señor cómo socorrer a sus hijos?

Hay un empleado en uno de los supermercados que frecuento que parece muy apenado. Tenía ganas de preguntarle el motivo de su tristeza. Pero sentí, en cambio, que debía invitarlo a la Iglesia. Lo invité, pero no necesariamente pensando que vería resultados inmediatos. Quizás nunca venga a la Iglesia. Han pasado varias semanas desde ese día. La última vez que lo vi él sonrió cuando nos topamos.

Para concluir

El Presidente Russell M. Nelson enseñó: “No todas nuestras oraciones recibirán la respuesta que deseemos. De vez en cuando la contestación será ‘no’, y no debe sorprendernos eso; los amantes padres terrenales no acceden a todas las peticiones de sus hijos. (Hasta el Hijo de Dios soportó esa experiencia, ‘diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’ (Lucas 22:42). Tanto el Padre como el Hijo sabían lo que debía hacerse.)”.

Creo que recibiremos una respuesta a todas nuestras oraciones si no insistimos en nuestras soluciones. Debemos confiar en el Padre. Es por lo que las preguntas “¿me has escuchado?” son tan potentes. Si tenemos una preocupación y le preguntamos al Padre si nos ha escuchado, ¿qué más queremos? Sabemos que Dios es bondadoso y desea bendecir nuestras vidas y las de nuestros prójimos. Sólo debemos respetar el tiempo del Señor y poner toda nuestra confianza en Él.

Lo invito a que viva en persistente oración ante el Padre, permitiendo la guía constante del Espíritu. Cuando el Padre nos promete por medio de su profeta: “y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5, énfasis añadido), nos está prometiendo que, si nos aferramos a Cristo, al Santo Espíritu, al Libro de Mormón, a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y a las enseñanzas de nuestros profetas y autoridades generales y locales, obtendremos la exaltación y la vida eterna si perseveramos hasta el fin.

Gregorio Billikopf Encina

Gregorio Billikopf Encina

Gregorio pertenece a la Rama Llanquihue, Estaca de Puerto Montt, Región de los Lagos, Chile. Es el autor de Isaías testifica de Jesucristo y un académico emérito de la Universidad de California y profesor de la Universidad de Chile; autor de Mediación Interpersonal: Facilitando el diálogo entre las partes (5ta edición) y Administración Laboral Agrícola: Cultivando la productividad del personal (2da edición). Si desea obtener este artículo con las citas o comunicarse con el autor, puede hacerlo a través de bielikov2@yahoo.cl.
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Gregorio pertenece a la Rama Llanquihue, Estaca de Puerto Montt, Región de los Lagos, Chile. Es el autor de Isaías testifica de Jesucristo y un académico emérito de la Universidad de California y profesor de la Universidad de Chile; autor de Mediación Interpersonal: Facilitando el diálogo entre las partes (5ta edición) y Administración Laboral Agrícola: Cultivando la productividad del personal (2da edición). Si desea obtener este artículo con las citas o comunicarse con el autor, puede hacerlo a través de bielikov2@yahoo.cl.

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